Hasta hace poco, la gente recurría a la Filosofía para buscarse a sí misma. Desgraciadamente, ahora esto ya no tiene sentido porque el 90% de los que se buscan a sí mismos lo hacen a través del Google. La sabiduría ya no se encuentra en los libros sino en los foros de Internet, y Berkeley recuerda más a una marca de bolsas de deporte que al filósofo empirista. ¿Qué deben hacer los filósofos en este contexto tan adverso? Tengo muy clara la respuesta: educar deleitando. Los miembros de Esponjiforme Entertainment piensan lo mismo que yo y por eso contactaron conmigo. Querían que les ayudara a difundir la Filosofía entre los jóvenes haciéndola atractiva. Este es, precisamente, el objetivo de mi curso de filosofía estoica. Poneos cómodos, abrid la mente y dejaos llevar. Os prometo que cuando hayáis terminado mataréis por repetir. Si mis lecciones no os hacen aullar como perros, es que no tenéis alma.

Paris Hilton.

 

El estoicismo nace en Grecia en el siglo III A.C. de la mano de Zenón de Citio, un mercader que, tras naufragar y arruinarse en distintas ocasiones, decidió fundar la Stoa. Crisipo fue, propiamente, quien acabó dándole forma a la corriente estoica. De hecho, él dividió la Filosofía en las distintas ramas que aún hoy se mantienen: la filosofía práctica, la filosofía de la naturaleza y la lógica.

Aunque la filosofía estoica cubre los tres ámbitos, la corriente que arraiga en Roma (estoicismo medio) insiste especialmente en el primero. Pertenecen al estoicismo medio Epicteto, un esclavo romano que tuvo que comprar su libertad, Marco Aurelio, emperador en tiempos difíciles, y Séneca, mi favorito. Séneca es un filósofo heterodoxo, pero es quien mejor documenta la filosofía estoica y quien la dota de valor y solidez. Igual que los Beatles con la música pop.

Para responder a esta pregunta, queridos muchachotes de mente calenturienta, deberéis atender primero a los tres principios del estoicismo ortodoxo:

1. Soporta y renuncia, porque todo está determinado (tardas un día o dos en aprenderlo cuando estás en el trullo, os lo puedo asegurar).

2. Preferible es ser guiado por el destino que ser arrastrado por él.

3. La única libertad que existe reside en una vena de tu cuerpo. Puedes cortarla cuando quieras (una cita de Séneca que, francamente, es mucho más chula que expresiones como "o tragas o te jodes" o "ya sabes dónde está la puerta, mamón").

El estoicismo ortodoxo defiende una ética en la que la sensación de impotencia de la voluntad es muy grande. Un estoico no es un resignado, si se interpreta el adjetivo con connotaciones trágicas o pensando en la esperanza en un futuro mejor como en el cristianismo. El determinismo para un estoico implica que el ámbito de la acción voluntaria es reducido, y a partir de ahí hay que "soportar y renunciar porque está todo determinado". La actitud que se tome ante el determinismo es algo que sí depende del hombre, y por eso el estoicismo tiene una ética. La actitud que hay que tomar es la de soportar y renunciar, y así es como está el patio, colegas. No hay más cera de la que arde, no hay más chicha, no hay más limonada. Es en la actitud de fortaleza donde se demuestra la valía de un hombre, donde se distingue al que tiene cojones del que no. La fortaleza es la capacidad de soportar, y lo que hay que soportar es el mundo: la perspectiva humana es limitada y no podemos entender el por qué de las cosas. Esta incomprensión es una fuente de sufrimiento.

Tendemos a creer que nuestra voluntad puede cambiar las cosas, creemos que nuestra visión es objetiva, vemos la CNN y nos parece que todo está controlado, en su sitio. Nos creemos protagonistas de nuestra propia vida. Para un estoico Dios y el mundo son la misma cosa (a esto se le llama panteísmo), y en este cosmos el hombre sólo tiene el privilegio de aceptar lo que no puede entender en tanto que ser finito (no finito de tener la piel suave, sino de no poder llegar a todo. Lo aclaro porque yo estuve confusa durante un tiempo y no entendía esto del ser finito). Dios es como un organismo del cual todos formamos parte, es como un instituto sin día de graduación. Y nuestra principal fuente de infelicidad es la búsqueda de la felicidad mal entendida. Lo que hay que hacer es renunciar a los deseos. El deseo implica creer que con nuestra acción podemos acomodar las cosas a nuestra voluntad. La anulación de todo deseo que no sea el de adecuarse al mundo es la única fuente de felicidad. Para Séneca, el único deseo posible es la anulación de los deseos. Pero no es trágico soportar y renunciar porque vivimos, tal y como dijo Leibniz, en el mejor de los mundos posibles. No existe el mal porque esto implicaría un defecto en el mundo o en Dios. El mal es para nosotros lo que no satisface nuestros deseos o aquello que no entendemos. Pero lo que no entendemos no es malo, el hecho de no entender es producto de nuestra finitud. Si tuviéramos un ordenador con muchos pentiums y mucho Wi-fi, quizá podríamos entenderlo y entonces veríamos que no es malo y que tiene una razón de ser, pero no es el caso. La única libertad que tenemos es el hecho de poder aceptar lo que somos y no creernos con prepotencia que el mundo se tiene que acomodar a nuestros deseos y que puede hacerlo. Tenemos la libertad de no ir de guays.

Tened en cuenta que en el panteísmo o en el creacionismo queda sin explicar por qué existe el mal en el mundo. A menudo lo que se hace es negar que exista el mal. Si Dios es o ha creado el mundo, no hay más cojones que negar el mal diciendo que es un error de perspectiva del hombre. En el estoicismo no hay un dios que juzgue o que prometa la salvación como en el cristianismo. El estoico los tiene bien puestos porque acepta la finitud humana de forma absoluta. Los estoicos no son pesimistas, están orgullosos de su fortaleza y ésta da sentido a sus vidas. Es como esta gente que sale en la tele aguantando piedras con los cojones: lo hacen porque viven para esto.

La ética estoica no es teleológica sino deontológica. Si no lo entendéis, memorizadlo como hice yo. No es una ética para la felicidad sino una ética de asunción de los deberes. No tenemos por qué esperar las consecuencias favorables de nuestras acciones. El deber es aceptar las cosas tal y como son soportando y renunciando. Y si no somos capaces de ser fuertes, entonces lo mejor es el suicidio. Suena borde pero es así. No es que los estoicos incentivaran el suicidio, pero lo justificaban cuando el individuo era demasiado débil. No había, por decirlo finamente, espacio para ir haciendo el moña.

Vivir conforme a la naturaleza es aceptar el destino y obedecer a Dios. Los estoicos ortodoxos tienen una visión religiosa del mundo, tipo Tom Cruise. Hay que aceptar que el mundo es bueno. De hecho, no es que sea bueno, ¡es que es divino! Séneca, en cambio, pensaba que el valor no lo tenía tanto el mundo como el individuo. Ya os he dicho al principio que no era un estoico ortodoxo. Lo que está claro es que en los estoicos encontramos dos tipos de felicidad: la que ellos proponen y la que critican. Critican la felicidad entendida como satisfacción de los deseos y defienden la felicidad como anulación de los deseos. Esa anulación de los deseos se llama apatía (algunos llaman a esto "estar de bajón" o "estar colgado"). La apatía es el estado de satisfacción con uno mismo por el hecho de haber conseguido que nada externo nos afecte. No se desea nada porque ya es suficiente lo que hay, y no es sólo que sea suficiente, es que además es bueno. Ser feliz es ser imperturbable.

Séneca no está demasiado influenciado por la teleología griega, no se preocupa tanto por la finalidad del mundo. Va más a la suya, no se ralla. No entendemos el mundo, vale, pero si le damos un sentido y nos va bien, tira p'alante. Tampoco es panteísta: el mundo no se identifica con Dios, puede ser absurdo e indigno de ser habitado.

Entre el mundo y el individuo, Séneca se decanta por el individuo. Además dice que sí existe el mal, y ni siquiera Dios puede hacer algo para solucionarlo. Dios nos envía pruebas para que demostremos nuestra fortaleza. No hay un espectáculo mejor para Dios que ver a un hombre desafiando a su destino (todos habéis visto realities, sabéis de qué va). El valor en Séneca ya no es tanto soportar la jodienda como decir: no podréis contra mí, gentuza. 

Para Séneca, no hay que claudicar ante el mal y el absurdo. Autónomo es aquel que acepta que el mundo es absurdo. Aguantar o suicidarse son dos decisiones autónomas que implican desafiar un destino absurdo. Es en la lucha contra el destino donde nos mostramos dignos. Preguntar qué sentido tiene luchar contra un destino invariable es aceptar una ética que se interesa por las consecuencias de la acción, pero Séneca no es de esos, él defiende una ética deontológica. Nuestra lucha contra el absurdo nos magnifica aunque no cambie nuestro destino. Si muero, que sea gritando como una perra.

 

Bueno, aquí termina el curso sobre estoicismo. No me negaréis que me lo he currado. Ahora, os toca a vosotros:

 

 

© Esponjiforme Entertainment. Todos los derechos reservados. El plagio es un delito y será castigado con la pena de muerte. No somos comunistas.

Consulten sus dudas, dirijan sus insultos y hagan efectivas sus transferencias bancarias a través de nuestra dirección de correo:

esponjiforme@esponjiforme.com