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The Art Farmer/Benny Golson Jazztet: Back to the City
Crítica realizada por Sincuidado
Disco: "Back to the City" Intérpretes: Art Farmer, flugelhorn; Benny Golson, saxo tenor; Curtis Fuller, trombón de varas; Mickey Tucker, piano; Ray Drummond, contrabajo; Marvin “Smitty” Smith, batería. Discográfica: Fantasy Records Año: 1986
En Febrero de 1986, veintiocho años después de su canónico álbum para Blue Note “Modern Art”, Farmer y Golson se volvían a reunir, acompañados por el gran Curtis Fuller al trombón para grabar, durante una serie de conciertos en Nueva York, dos discos para Fantasy Records. El grupo de Golson y Farmer había sido toda una referencia en el periodo de posguerra, tanto por su pericia como por lo impecable de su ejecución y arreglos. A finales de los 60 debieron dividirse por la imposibilidad económica de mantener un grupo extenso. También cabe pensar que por las circunstancias de la moda que afectaron al jazz en los setenta, produciendo una fragmentación de estilos y gustos Al cabo de tres décadas, cuando se producía una cierta recapitulación después de la resaca experimentalista de los anteriores años, de vuelta en la ciudad de Nueva York, junto al edificio “Flatiron” en la portada, un grupo de veteranos sin glamour aparente ni leyendas biográficas atormentadas se reunían de nuevo para tocar jazz. Porque lo que encontramos en esta grabación es ni más ni menos que eso, el jazz. Lo que fue, es y será sin duda el jazz: un ARTE MODERNO, de largo alcance por su contenido e intenciones en su aparente simplicidad y fluidez, traspasando la contemporaneidad para devenir CLÁSICO por cuanto MODERNO. Seis cortes, seis, todos compuestos y arreglados por Golson, excepto una composición de Farmer y un estándar poco manido. En ellos podemos gozar de un jazz ejecutado con perfección y maestría, con fluidez y transparencia. Es verdaderamente delicioso que de un disco grabado en directo podamos decir que la energía siempre se administra en la justa dosis. Ni hay concesiones a la galería, ni se pierde intensidad. Las transiciones entre los solos, magníficamente arregladas, no son partes de relleno sino que aportan cambios armónicos y dinámicos. Tanto en las baladas como en los tiempos fuertes, el equilibrio y el buen gusto, siempre impulsados por un “swing” indiscutible, dominan las interpretaciones. Música de altura, creativa y gozosa, sin una nota de más. Y es que, escuchándoles, pareciera que componer y ejecutar así esta música es muy fácil. Probablemente los que vieron torear a Juan Belmonte debieron pensar lo mismo.
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