Siempre he pensado que separar
las ciencias de las artes como si se tratara de actividades totalmente distintas
es algo absurdo y gratuito. Ya en el colegio me obligaron a escoger entre las
ciencias y las humanidades. Yo me decanté por las humanidades porque mi
profesora de física no se depilaba, mientras que la de literatura española, aún
siendo fea como la otra, no era tan desagradable. Esta decisión más bien
impulsiva puede que haya marcado para siempre mi trayectoria vital. De hecho, es
evidente que la ha marcado: estoy escribiendo esto en vez de redactar un
artículo complejo y revolucionario para el MIT.
Esta mañana he encontrado al fin una evidencia en favor de mi tesis, algo que
demuestra claramente que las ciencias no están reñidas con lo artístico. Se
trata de una revista inglesa titulada “Art of Surgery”. Una maravilla que les
recomiendo encarecidamente. La revista se centra en el arte de la cirugía,
vinculando la actividad de los más grandes cirujanos a las creaciones de los
escultores más respetados de la historia. Se describen con rigor y minuciosidad
célebres intervenciones quirúrgicas, como por ejemplo la que practicó el doctor
Shepperd en 1980. Según explica la revista, Shepperd acariciaba aquella
trompa de Falopio con la ternura de un joven amante que desnuda a su querida
doncella de penetrante mirada, unas manos de seda conduciendo al bisturí hacia
lo más íntimo y lo más profundo de aquel ser extasiado por la anestesia,
magistralmente administrada, como siempre, por Herbert Lambert, del Royal London
Hospital.

“Art of Surgery” no se limita únicamente a recrearse en las grandes
intervenciones del pasado, cuenta también con una cantera de críticos
especializados que acuden semanalmente a los hospitales más prestigiosos de
Inglaterra y describen en sus artículos de forma pormenorizada todo lo que han
podido ver en los quirófanos. Nunca pensé que me emocionaría leyendo la crónica
de una colonoscopia o de la extracción de un riñón. Como bien dice el editor de
la revista, el arte y la belleza se encuentran en los rincones más
insospechados, en la morfología viscosa y retorcida de un intestino grueso puede
residir un universo de texturas, colores e incluso de gustos que el hombre de la
calle, prejuicioso, desecha sin ser consciente de lo que su sensibilidad se está
perdiendo.
Les recomiendo que le echen un vistazo a la revista y, si les gusta tanto como a
mí, les animo a protestar por la detención de Ronald Burton, el director y
fundador de “Art of Surgery”, acusado injustamente de violación de los derechos
humanos, encarnizamiento terapéutico y canibalismo. Para hacerlo basta con que
escriban una nota de apoyo a la dirección
freeronald@artofsurgery.uk.com
y que ingresen la cantidad de dinero que estimen conveniente al número de cuenta
9008-9674-98-79878889. Muchas gracias.