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EL DÍA DEL SEÑOR RIVEIRAS
Paquito Riveiras entró en la consulta del doctor Rodrilguen dispuesto a recoger los resultados de unos análisis rutinarios que le habían hecho la semana anterior. Le hicieron pasar a la sala de espera, desde la cual podía verse la puerta del despacho del doctor. Después de leer por encima un par de revistas del corazón, Riveiras estuvo observando los cuadros y diplomas que colgaban de las paredes de la estancia. Justo en la pared de enfrente había un cartel informativo en el que podía leerse esto: “Hoy, día de la Fibritis Ripoide”.
Mientras pensaba en el
significado del cartel, y especialmente en la foto que ilustraba el texto, se
abrió la puerta del despacho de Rodrilguen, del que salió una mujer mayor con
los ojos llorosos y claramente desesperada. Una chica que estaba sentada al lado
de Riveiras se levantó al verla y le preguntó por lo que le había dicho el
doctor. “Dice que tengo Fibritis Ripoide”, aseguró la paciente. “¿Tú también?”,
exclamó la chica. Cuando las dos abandonaron la sala, hubo cierto intercambio de
impresiones entre los demás pacientes que esperaban. “Menudo día hemos escogido
para venir”, afirmó una señora. La muchacha de la recepción llamó a Riveiras y
le hizo pasar finalmente al despacho del doctor. - No me creo nada de lo que está diciendo, doctor. Dice usted lo mismo a todo el mundo. A todos les dice lo de la Fibritis esta, pero a mí no me va a tomar el pelo, ¿comprende? - Entiendo su reacción, es normal que se aferre a cualquier cosa, pero cuanto antes acepte la situación, antes podrá hacerse cargo. - Yo no me aferro a cualquier cosa. Explíqueme si no qué sentido tiene el cartel que hay afuera y que pone que hoy es el día de la Fibritis Ripoide. - Yo no puedo hacer gran cosa por usted si adopta esta actitud, señor Riveiro. - ¡Riveiras! ¡Me llamo
Riveiras!
A la izquierda, el señor Riveiras. Cuando estaba aproximándose al portal de su
casa, se cruzó con Roberto, su hermano mayor. Riveiras le contó lo sucedido y,
afortunadamente, su hermano no le tomó por loco: - Fibritis Ripoide. - Venga, hombre, esto no existe. ¿Cómo se llama el doctor? - Rodrilguen. Demetrio Rodrilguen Porreiro. - Esto es típico del Weblocke. - ¿Del qué? - Esos nombres absurdos son como los que salen siempre en el Weblocke, aquella página de Internet. Apuesto a que te han elegido a ti para alguna de sus historias tontas. - ¿Tú crees? - Estoy seguro. Te ha tocado a ti como podría
haberle tocado a cualquier otro. Cuando se cansen te dejarán en paz.
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