"La obsecinidad del sexo femenino es la de todo lo
"boquiabierto", es una apelación a ser, como los son todos los orificios.
La mujer apela en sí misma a una carne extraña que ha de transformarla en una
plenitud de ser mediante la penetración y la disolución... Sin duda alguna su
sexo es una boca, y una boca voraz, que devora el pene, lo cual puede conducir
facilmente a la idea de castración. El acto amoroso es la castración del hombre,
pero esto se debe sobre todo a que el sexo es un orificio"