A mis empleadores
Camila, hermana y Sra. gerente, lamento muchísimo haber defraudado la confianza que Ud. y los demás altos ejecutivos del negocio familiar habéis depositado en mí, para darme empleo. Sé de sobra que la hora de entrada al trabajo es a partir de las diez antes meridiano; que debo lucir una apariencia pulcra y descente; que no debo hostigar a las mujeres llamándolas rameras ó zorritas -aún cuando su apariencia sugestiva denote lo guarras que puedan ser en su vida privada-; que no debo manejar la caja chica como si fuese mi alcancía; que no debo insitar a mis compañeros de área a la olgazanería ni organizar botellones sino después de las seis de la tarde y fuera de la empresa... Ahora que lo recuerdo, creo que este pliego disculpatorio (no sé si así se escriba) está de más, porque al fin y al cabo, la fábrica de embutidos es de la familia y yo puedo hacer lo que me manden y ordenen mis huevos... Ahora os digo que "me remuerde en el alma hacer lo que hago, pero lo seguiré haciendo". Grado de arrepentimiento: 1 sobre 10. Firmado: No Mercy.





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