A mi hijo

Quisiera pedirle perdón a mi hijo Jacobo por tomarle el pelo de mala manera. Le hice creer, después de separarme de su madre, que mi nueva compañera era de una religión que exigía que los niños de diez años donasen su prepucio para abrigar a los pobres. Sé que amargué parte de su juventud (aunque la amargura sólo duró hasta los diez años, claro está) y que dificulté su adaptación al nuevo entorno familiar. Estaba convencido de que un niño que creyese semejante historia merecía el sufrimiento que de ello podría derivarse. Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que fui cruel y de que introduje en mi niño la semilla del odio antisemita.
Grado de arrepentimiento: 8 sobre 10.
Firmado: Antonio G. Reggio.

1 Comentarios:

A las 4:44 PM, Blogger Mr. Ciber Virtual dijo...

Cierto, ese niño fue muy credulo...debio enviar a la camara de gas a la mama por traidora

 

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