Perdón, Louie, por atacarte cada noche con las virutas del gran cisne, las púas del cactus del desierto, las venas de las nubes y las flemas de Buda. Perdona por la sutil tectónica de mis placas, por ser un jugador y alargar mi brazo por encima de tus cien cabezas y coronarlas todas ellas con flores muertas. Por otear el horizonte sin ti, siempre que puedo, por obligarte a mirarme después de arrancarte los ojos e intentar amarte con el corazón negro. Las llamas en tu piel danzan libres y eso siempre ocurrirá, incluso después de esta amarga sonata, pero perdóname Louie, perdóname, sobre todo por no permitirte salir de mi mente.
Grado de arrepentimiento: 1 sobre 10. Firmado: Randal.