Lección de antropología 4



En esta nueva lección de antropología les hablaré del famoso ataque de los perros carrinclones, ocurrido hace poco más de treinta años en la pequeña localidad de Valdecaignes. El verdadero germen de este terrible ataque fue la llegada al pueblo de un joven americano, Irving Plot. Plot decidió abrir una tienda de animales en la calle mayor de Valdecaignes, y trajo de su país una legión de perros falderos. Las gentes del lugar quedaron realmente impresionadas al ver a tan curiosos animales. El único perro que habían visto hasta entonces, Ignacio Vélez, padecía una suerte de autismo y apenas soltaba dos o tres aforismos de vez en cuando. El caso es que los perros del señor Plot despertaron el instinto maternal de las mujeres del pueblo, las cuales acudieron a la tienda en masa, y en poco más de media hora agotaron todas las existencias.

Irving Plot no se conformó con el éxito obtenido e importó de los Estados Unidos todo tipo de accesorios para los perros falderos:

 

Biberones

Laca para el pelo

Vestiditos

Y un largo etcétera (más o menos como este: etcéteeeeeeeeeeeeeeraaaaaaaaa)

El antropólogo Jimmy Herder visitó Valdecaignes en uno de sus trabajos de campo (era payés) y apuntó lo siguiente: “el pueblo es bonito, tiene plantas, adoquines y criaturas desdentadas. Pero lo que realmente sorprende es la cantidad de mujeres que pasean por la calle sosteniendo en sus brazos a dos o tres perros falderos, que parecen clones vestidos como David Bowie en sus mejores momentos”. En esta descripción el antropólogo empleó la expresión inglesa “Carrying Clones”, que los antropólogos españoles adoptarían posteriormente, refiriéndose a los perros falderos como “perros carrinclones”. Más adelante, la expresión “carrincló” pasaría a significar en catalán “algo ridículamente cursi” (consultar el diccionario del IEC).

Dos días después de que Herder abandonara el pueblo, tuvo lugar el célebre ataque de los perros carrinclones. El día 3 de Noviembre de 1970 fueron halladas muertas en un descampado veinte mujeres, cubiertas de escupitajos de perro. A su alrededor, había un montón de vestidos para perros, correas doradas y lacitos de seda. De los perros carrinclones no se volvió a saber nada.

Este suceso debería hacernos pensar en lo perjudicial que puede ser en ocasiones este afán que tiene el hombre de dominar y domesticar su entorno natural. Los perros carrinclones no querían ser tratados como criaturas de tres meses, la mayoría de ellos había alcanzado la madurez e incluso alguno era catedrático. El hecho de que les cubrieran con vestidos llenos de encajes, lacitos y cadenitas les hacía sentirse tan ridículos como nos sentiríamos nosotros en su situación. Los valdecaignenses aprendieron aquel trágico mes de Noviembre lo importante que es mostrar empatía para con los demás, incluidos los perros. La empatía, precisamente, es un concepto importantísimo en la teoría antropológica de Herder, expuesta en obras tan relevantes y recomendables como “Carrying Clones and the Origins of Rage”.

 

posteado por El rei Nikochan el 16 de Febrero de 2005