Cómo asaltar una gasolinera de un modo enriquecedor y creativo

Quisiera dejar claro ante todo que no soy una persona aficionada a las actividades delictivas, ni tengo antecedentes policiales. Hasta hace poco creía que hurtar significaba expulsar aire del estómago por la boca, produciendo un sonido grave y en ocasiones molesto. Sin embargo, aunque mis actividades no traspasen los límites del ordenamiento jurídico, a veces siento curiosidad y me asombro ante los métodos que emplean ciertos delincuentes para alcanzar sus objetivos. Me sorprendió saber, por ejemplo, que un grupo de mujeres atracó una joyería utilizando a un bebé de tres meses: entraron en el establecimiento, le lanzaron la criatura a la dependienta para que la sostuviera en sus brazos, y evitaron así que activara la alarma. Pero no sólo me interesan los recursos empleados por los delincuentes, también me divierte especular e imaginar qué métodos emplearía yo en el caso de tener que atracar ciertas tiendas o centros comerciales. No me negaréis que las efectivas medidas de seguridad existentes en los grandes almacenes obligan al delincuente ambicioso a elaborar complejos planes de acción, dignos de cualquier videojuego de estrategia y comparables, por ejemplo, a los del jugador de ajedrez. Soy consciente de que estoy idealizando la tarea del delincuente, pero es que aún no me he recuperado del todo tras la muerte del Vaquilla.

Como sé que sois pocos los lectores de este weblog, os revelaré uno de los grandes planes delictivos que he elaborado, y que espero que alguien con el suficiente valor lleve a cabo algún día: se trataría de atracar una gasolinera usando simplemente un teléfono móvil. Como sabréis, en las gasolineras está rigurosamente prohibido fumar. Es algo que todo el mundo sabe, y las causas de la prohibición son igualmente conocidas por todos. Asimismo, también está prohibido en una gasolinera encender las luces del vehículo que está repostando, así como la radio y demás aparatos eléctricos. Creo intuir las razones de esta segunda prohibición, diría que no se alejan mucho de las primeras y que refieren a la posibilidad de provocar un incendio. Sin embargo, si tuviera que exponer con rigor la cadena causal que enlaza la radio encendida del coche con la gasolinera incendiada tendría problemas y sin duda requeriría la ayuda de un técnico experto en la cuestión. Finalmente, reconozco que sería totalmente incapaz de exponer, ni siquiera de modo intuitivo, las razones que explican por qué está prohibido encender un teléfono móvil en una gasolinera. Creo que no soy el único que ignora los motivos de esta prohibición, y es precisamente esta ignorancia la base de mi estrategia delictiva.  

Como sabréis, la ignorancia es fuente de temor. Imaginemos que estamos en un restaurante y que, justo en el momento en el que nos disponemos a engullir un plato de ostras, se nos acerca un camarero alarmado y nos grita: "yo que usted no lo haría, caballero". Evidentemente, la mayoría de nosotros apartará el tenedor de la boca, haciendo caso de la advertencia. La eficacia que tendrá en nosotros la interpelación del camarero residirá sin duda en nuestra ignorancia. Si hubiéramos sabido a la perfección de dónde provenían las ostras, si las hubiéramos criado nosotros mismos y tuviéramos la certeza de que estaban buenas, los gritos del camarero no hubieran generado en nosotros tanta alarma. Pues bien, centrándonos de nuevo en mi brillante estrategia, imaginemos ahora que nos personamos en una gasolinera y mostramos a los empleados nuestro teléfono móvil con actitud amenazante. Imaginemos incluso que situamos el dedo gordo justo en el botón de encendido del aparato, haciendo notar que, si no se satisfacen nuestras exigencias, aquel teléfono se encenderá, con los riesgos que ello puede suponer. ¿Y a qué riesgos nos estamos refiriendo exactamente? Pues, francamente, no tengo ni puñetera idea del peligro que supone un teléfono móvil encendido en una gasolinera. Pero es precisamente esta ignorancia la que generará temor en nuestros oponentes, si nosotros nos mostramos en todo momento suficientemente agresivos y seguros de que nuestra actitud es temeraria y puede conllevar graves consecuencias. En definitiva, si somos suficientemente hábiles, mostrando simplemente nuestro teléfono móvil al personal, sin ni siquiera haberlo encendido, acabaremos quedándonos solos en el establecimiento, con todos los bienes materiales a nuestro alcance. Todo depende de nuestra capacidad de persuasión. Si probáis de llevar a cabo mi nuevo método y hacéis el ridículo, no me culpéis a mí sino a vuestra incompetencia. Al fin y al cabo, hay gente capaz de organizar peregrinajes multitudinarios recurriendo a la Bíblia como única excusa. Ello demuestra, según creo, que mi idea no es tan descabellada.

No tomaron en serio sus amenazas. Ahora arden en el infierno.

 

posteado por El rei Nikochan el 28 de Diciembre de 2003