Cuando haces pop ya no hay stop

Esta mañana me he levantado a las ocho y tenía un grano entre ceja y ceja. De esos gordos y duros sin capuchón. Cuando digo que no tiene capuchón quiero decir que no hay vía de escape, un monolítico grano sin fisuras, algo así como un huevo duro sin yema. O con una yema pequeña y sin ganas de ver mundo.

En estas situaciones la convivencia es difícil y tormentosa. Es como tener un nacionalista no independentista entre ceja y ceja. Hace acto de presencia. Manifiesta su malestar con el status quo. Y luego, amablemente, le invitas a salir con un empujoncito y aún es peor.


A esta chica de cara tan poco interesante le han salido un montón de granos del entreteto. El peligro acecha en cualquier rincón.

Un intelectual como yo lo que hace la mayor parte del tiempo es mesarse la barba. Queda muy mal estar dando una conferencia, o participando en un debate en torno a la relación entre la Nouvelle Vague y los ascensores hidráulicos y, en vez de estar haciendo lo dicho o mordiendo la patilla de las gafas, o rellenando la pipa, ya saben, cosas de intelectuales; estar ahí: ápretando la protuberencia del entrecejo. Desapercibida para los demás, sí, pero no sólo de apariencia vive el hombre.

Y sin embargo, ¿qué podemos hacer en estas situaciones sino esperar a que se den las condiciones necesarias para provocar la explosión technicolor? Y qué bonito resulta todo entonces, como una bandera de cataluña saliendo de la cara de uno para irse a estampar dulcemente en el espejo. ¿Realmente se oyen o es cosa mía?

¿Y qué me dicen del retroceso?

 

 

posteado por Kikita Tutankhamon el 19 de Abril de 2005