1/30/2005

Estamos enfermos

Reconocer que se padece una enfermedad es ya un primer paso necesario para superarla. No es ninguna tragedia para mí, pues, tener que confesar que padecemos el síndrome de Estocolmo. Lo que en un principio parecía simple nostalgia, se está transformando ahora en un sentimentalismo bobalicón que me da asco. Hace ya dos años que acabamos la carrera de filosofía y empezamos la de comunicación audiovisual, y desde entonces todo son lamentaciones, suspiros y ñoñerías. “Te acuerdas de…” es la expresión que más hemos repetido en estos últimos meses, después de “joder, macho” o “qué grandes somos”. Y el colmo fue esto:

Unos alumnos de primero de filosofía nos enviaron esta foto del doctor Alegre, el que fue nuestro profesor de historia de la filosofía. Verle ahí, en el aula A, con la pizarra al fondo repleta de términos griegos, nos hizo saltar las lágrimas. Y esto no puede ser. No puede ser porque realmente es ahora cuando estamos aprendiendo algo concreto, alejado de las pajas mentales. Hemos aprendido a manejar una cámara, conocemos técnicas para escribir guiones que antes ignorábamos y sabemos qué tipo de subvenciones ofrece el Ministerio para financiar una película. Pero claro, todo esto nos sabe a poco, es demasiado prosaico. Parece que sólo disfrutamos cuando el profesor de Teoría de la comunicación, el señor Sánchez Navarro, suelta perlas como estas:

“El yo interpela al tú. Más concretamente, el yo se introduce en el él para interpelar al tú”

“El él se funde con el tú compartiendo lo que es dado a ver por el yo”

“El yo se afirma como tal y reafirma ante el tú el poder que tiene sobre el él”

Que los teóricos del cine franceses estén mal de la cabeza es algo que debería darnos pena y no placer. Hagamos un esfuerzo y superemos nuestro pasado. Y que nos sirvan de ejemplo aquellos que no lo consiguieron.

1/21/2005

Tocando el ribetón

El catalán es un idioma muy rico, con palabras como "voraviu", que podríamos traducir por "ribete", aunque "voraviu" es más rico, cargado de connotaciones...



El caso es que este señor, ha escrito un poema titulado:

"TOCANT EL VORAVIU" (GOING THE LIMIT) - EN HOMENATGE A MONTSERRAT ROIG

De deixondir el meu amor,
sí que en saps un niu.
Em fas tastar el cel
tocant el voraviu.

(...)

Tanca els ulls, reposa ja
ben endins el meu caliu,
vull que vinguis amb mi
tocant el voraviu.

(en la web encontraréis la traducción inglesa, Going the limit)

Para nuestros amigos de fuera ofrezco una traducción. El castellano, sin embargo, no está preparado para según qué cosas, así que será bastante deficiente y carecerá del lirismo de su versión original:

De despertar mi amor,
sí que sabes un montón.
Me haces tocar el cielo
tocándo el ribetón.

Cierra los ojos, reposa ya
bien dentro de mi pasión,
quiero que vengas conmigo
tocando el ribetón.

Sin embargo este señor, no es poeta, es, ante todo, cantante. Como los trobadores de antes. No se pierdan sus mp3, en especial, por supuesto, "Tocant el voraviu". El anterior poema cantado por unos coros angelicales.

También hay que recomendar "3 Marías" y "Nido de cotorras", este último en castellano.

Asímismo, no se pierdan un mp3 de unos amiguetes suyos, sobre una polla que no sabe volar, y que necesita que le eches una mano.

1/13/2005

Lección de antropología 3



Soy el hombre del sacacorchos gigante, y he sido invitado a este weblog para hablarles un poco de antropología, que es lo que a mí me gusta.

Allan McCollum es uno de los antropólogos más relevantes de nuestro tiempo. En 1978 viajó a Arlington, Texas, y al llegar a esta preciosa localidad se dio cuenta de que las gentes que allí vivían estaban totalmente atemorizadas, tanto que apenas se atrevían a salir a la calle. McCollum interrogó a una mujer del pueblo para que le dijera qué demonios estaba ocurriendo allí. Ella se lo explicó todo con pelos (en el bigote) y señales:



Forastero, le recomiendo que se marche usted de aquí cuanto antes. Unas extrañas figuras están colonizando el desierto, cada vez hay más y nadie sabe de dónde provienen. Todos sospechan que tienen un origen extraterrestre. Desde que aparecieron, los hombres del pueblo padecen impotencia. Y encima las figuras tienen forma de… en fin… tienen forma como de… bueno, le digo que es mejor que se vaya usted de aquí.

¿De qué tenían forma estas extrañas figuras que tanto atemorizaban a los arlingtonienses, o como demonios se llamen? Juzguen ustedes mismos:



No me sean recatados. No me vengan diciendo que parecen cabecitas de mosca, o micrófonos, o heladitos de fresa.



¡Miren! ¡Miren qué pedazo polla apareció un buen día, de buenas a primeras, en el pacífico pueblo de Arlington! Esto es un cipote como la copa de un pino hombre, y eso mismo pensó McCollum cuando lo vio por primera vez. Siguiendo sus investigaciones, descubrió incluso la presencia de atributos femeninos. Ya saben, “pepitillas” les llaman algunos:



Los estudios realizados hasta el momento revelan que las figuras están hechas enteramente de arena del desierto y que tienen una resistencia asombrosa.



Aunque nadie ha podido determinar aún de dónde provienen los genitales del desierto, el pueblo de Arlington ha aprendido a convivir con ellos, y el Sheriff-Intelectual Steve Benedict se encarga de eliminar cualquier superstición, convenciendo a la población de que todo tiene una explicación racional.

Esperamos que así sea, amigos.

Gracias por su atención y hasta la próxima.

1/04/2005

Cirugía estática



¿Qué criterio siguen para determinar qué es el antes y qué es el después? Por favor, que alguien le diga a esta señora que, lamentablemente, está condenada a vivir, lo quiera o no, en un permanente antes.

1/02/2005

Autobombing

Lo hemos conseguido. Sí señor. Esponjiforme aparece este mes en una revista para mentes licenciosas, la FHM, justo antes de la entrevista a Rocco.



Se ve que han hecho una lista de las cien mejores páginas web del mundo mundial, y aparecemos en el puesto once. Y además, somos los primeros en el apartado de webs culturales. Han publicado el cerebro esponjiforme a todo color. Un verdadero lujo.



Aprovechamos para felicitar a nuestros colegas de Milinkito y de Oink, que también aparecen citados en los puestos 91 y 47 del ranking, respectivamente.

Que una revista electrónica de filosofía como la nuestra salga en la FHM indica lo mucho que ha avanzado esta disciplina teórica en poco tiempo. Todo gracias a esponjiforme y a gente como García Calvo o Carlos Jesús, que siempre nos han inspirado.

1/01/2005

Una velada inolvidable

Los que nos visitan regularmente sabrán que no acostumbramos a desvelar aquí en el weblog aspectos de nuestra vida privada, pues sabemos que no interesan a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Sin embargo, esta vez haremos una excepción, teniendo en cuenta que el acontecimiento que les vamos a relatar es, sin duda, algo fuera de lo común.

Hace un tiempo contactamos con tres guionistas de humor a los cuales admiramos profundamente. Es probable que conozcan la serie de animación para adultos titulada “Las tres mellizas”. Ellos participaron en la elaboración de muchos de los guiones de la serie, y a ellos debemos las continuas referencias implícitas a “El Vaquilla” que los más avispados televidentes habrán detectado (les recomendamos que analicen atentamente el capítulo titulado “Las tres mellizas visitan Auschwitz”, donde estas alusiones tácitas al delincuente español más famoso son harto abundantes). El caso es que, después de haber intercambiado algunos mensajes a través de Internet, uno de estos tres guionistas se mostró interesado en conocernos, invitándonos incluso a una cerveza. Somos personas de talante más bien introvertido, por lo que inicialmente fuimos reacios a quedar con alguien a quien no conocíamos personalmente. Ellos insistieron mucho, y como son gente entrenada en el arte de seducir mediante la retórica, pronto nos vimos forzados a aceptar su propuesta.

Quedamos finalmente el viernes treinta y uno por la tarde en el bingo de la calle Urgel. Nos pareció un lugar un tanto inapropiado, pero no nos atrevimos a decírselo, pues se les veía muy ilusionados. Llegamos puntuales, vestidos con nuestras mejores galas, y nos encontramos a dos de ellos esperando en la puerta impacientes. El tercero, según nos dijeron, no había podido venir porque se había sentido indispuesto en el último momento (“los nervios le revuelven el estómago”, puntualizaron). Entramos, pues, en el bingo, y pedimos unos vodkas en la barra. Iniciamos una de estas conversaciones banales, de compromiso, y mientras hablábamos nos dimos cuenta de que uno de ellos había empezado a flirtear con unas señoras de edad avanzada que se encontraban en una mesa cercana. Las mujeres fingían avergonzadas que no nos veían, pero ellos hacían gestos cada vez más obscenos y lascivos, motivo por el cual fuimos invitados a abandonar el local por uno de los guardias de seguridad del bingo. De nuevo en la calle, nos invitaron a su apartamento, que al parecer se encontraba muy cerca de allí. Dijeron que quizá nos interesaría visitar el lugar donde se dedicaban a gestar sus guiones y, como siempre, acabaron convenciéndonos.

El apartamento en cuestión era una especie de antro oscuro y mal ventilado. Nada más entrar, pisamos sin querer unos vinilos de “Manzanita” que había esparcidos por el suelo, rodeados de kleenex usados. Al fondo de la estancia distinguimos a una figura sentada delante de un ordenador, fumando en pipa y vestida con una bata de boatiné desabrochada y sin nada debajo. Era su compañero, el que se había sentido indispuesto. El tipo se levantó emocionado al vernos, se acercó a nosotros tambaleándose, nos dio un beso en la boca y nos ofreció una botella de ginebra. No tuvimos tiempo de rechazar el ofrecimiento, pues los otros dos guionistas nos cogieron del brazo y nos sentaron en un sofá de piel de leopardo lleno de manchas y de quemaduras de cigarrillo. Ellos se sentaron entre nosotros, apretujándonos tanto que apenas podíamos movernos. Uno de ellos empezó a hablar del amor en la Grecia clásica, y noté entonces que alguien me estaba acariciando la rodilla. Cuando aquella mano desconocida y cariñosa se estaba acercando peligrosamente a mis partes íntimas, llamaron a la puerta contundentemente. Ellos se pusieron muy nerviosos, no quisieron abrir en un primer momento, pero como insistían mucho no les quedó más remedio que hacerlo. Se trataba de un agente de la Guardia Urbana, que estaba buscando a una chica que vivía en el bloque y que había desaparecido hacía una semana. “Es sordomuda. Cuando la vieron por última vez llevaba el uniforme del colegio”, dijo el agente. Cuando oyó esto, el guionista de la bata de boatiné dejó caer al suelo la botella de ginebra y desapareció en la oscuridad. El aficionado a la Grecia clásica dijo que tenía que ir al baño y el otro intentó cambiar de tema hablando de parquímetros y de zonas azules. El agente, viendo estas extrañas reacciones, preguntó si podía entrar en el apartamento, y entonces nosotros, aprovechando la ocasión, nos escabullimos por la puerta con sigilo y nos fuimos a casa.

Al despertarnos la mañana siguiente recordamos lo que había acontecido y pensamos que aquello no podía ser verdad, que lo habíamos soñado. Sin embargo, al ver la postal que nos habían regalado en el bingo, firmada por ellos mismos, tuvimos que aceptar que aquello había sido tan real como la vida misma.