8/31/2005

El gurú de Sant Genís

La tecnología no siempre nos hace la vida más fácil. A veces, intentando programar el vídeo desesperadamente o procurando sin éxito desprecintar un CD, decidimos darle la razón al gran poeta Jorge Manrique, que dijo aquello tan bonito de “el pasado fue más guay”. Robert Cleydens, un estadounidense afincado en Sant Genís dels Agudells, parece suscribir esta tesis, y es de hecho el principal defensor de una corriente teórica denominada revisionismo tecnológico, que se asienta en la obra de filósofos como Hans Jonas o Jiménez del Oso.
En uno de sus libros más célebres, titulado “De la letrina al inodoro. Historia de un trayecto equivocado”, Cleydens sostiene lo siguiente: “del mismo modo que el zeppelín dejó de fabricarse porque era peligroso y causaba muertes, también deberían ponerse en tela de juicio otros inventos que, aunque no sean mortíferos, molestan tanto o más que una patada en la huevada. Me refiero a cosas como por ejemplo el jodido cortacésped”. De hecho, la historia recordará a Robert Cleydens como el gran enemigo del cortacésped. El principal inconveniente de este aparato es, según Cleydens, el ruido que produce. “Yo me vine a la montaña para descansar, pero pronto me di cuenta de que uno no podía pasear tranquilamente sin oír el jodido ruido de fondo que producen estas dichosas motos con cuchillas. Pensé en lo que hacía la gente antes de que existiera el cortacésped y entonces lo vi claro: era necesario volver a las tiras de cera”. Cuando Cleydens propuso su idea a los vecinos de Sant Genís dels Agudells, comprobó asombrado que ya nadie recordaba que el césped se podía recortar empleando el método tradicional de las tiras de cera. “Es un método mucho más ecológico, no hace ruido y practicarlo relaja. Pensándolo bien, no sé por qué demonios se impuso el cortacésped”.
Cleydens con sus hijos Jordi y Gabriel.

Cleydens no es del todo objetivo en sus reflexiones, se deja llevar a menudo por su odio irracional a la tecnología y olvida, por ejemplo, lo pesado que es untar un amplio jardín de cera caliente y arrancar las pesadas tiras una a una. No tiene en cuenta tampoco lo molesto que es pasear descalzo por la hierba y descubrir en ella restos de cera que se adhieren a los pies. Algunos de sus vecinos le recordaron estos inconvenientes, le comunicaron que no entraba en sus planes volver a usar una técnica de jardinería obsoleta desde los años cuarenta. Sorprendentemente, estos vecinos disidentes cambiaron de opinión en pocos días, y actualmente Sant Genís dels Agudells es una de las pocas poblaciones catalanas en las que se usan tiras de cera para recortar el césped de los jardines. Se dice que Cleydens convenció a los vecinos disconformes empleando la violencia. Se le relacionó incluso con la aparición de seis cortacéspedes incendiados en la plaza del pueblo. Uno de los vecinos envió a la prensa local una cinta VHS titulada “Los próximos en arder serán tus hijos”, que incluía estas imágenes. La cinta, sin embargo, no se ha podido relacionar con Cleydens de ningún modo y, sobre el papel, Sant Genís dels Agudells es un pueblo hermoso y apacible que vive en armonía con la naturaleza gracias a su gurú estadounidense.

8/30/2005

Agradecimiento

Hace más de dos años inauguramos este humilde weblog sin más pretensión que la de ir recomendando enlaces interesantes encontrados en la red. Nunca esperamos conseguir grandes audiencias, los temas que tratamos aquí no son precisamente de interés general. Sin embargo, desde que remodelamos la estética de la página, las visitas han ido aumentando lenta pero constantemente, hasta el punto de que actualmente, y según datos de Nedstatbasic, el Weblocke figura en el cuarto puesto del Top 1000 en su categoría, justo después de la web “Autismo en español”. Muchas gracias, apreciados lectores.

8/29/2005

Pequeña historia de la fotografía



Joseph Plégnade pasó gran parte de su infancia encerrado en una pequeña casa junto con su madre, su abuela y sus tres hermanas mayores. La falta de un referente masculino le traumatizó hasta tal punto que en 1975 fue nombrado el “francés más raro del año” por la revista Time.
Lo que hacía de Plégnade un hombre raro era precisamente su relación con las mujeres. Dominado totalmente por sus tres hermanas, llegó a los dieciocho años convencido de que, por el mero hecho de ser hombre, no merecía el más mínimo respeto. Cuando al fin se independizó de su familia y tuvo acceso al mundo real, Plégnade descubrió que había sido víctima de un engaño. Decidió entonces evitar el contacto con las mujeres en la medida de lo posible, considerándolas criaturas manipuladoras y, por tanto, extremadamente peligrosas.
Sin embargo, al cabo de unos años, decidió cambiar de estrategia. Cada semana recibía en su casa a una mujer distinta, se encerraba con ella en su habitación durante dos horas y después la acompañaba a la puerta y no la volvía a ver jamás. Sus vecinos estaban convencidos de que todas aquellas mujeres eran prostitutas, y le enviaron una carta quejándose y recomendándole que acudiera a algún prostíbulo si no podía contener su apetito sexual. Plégnade negó rotundamente que aquellas mujeres fueran prostitutas. Y de hecho no lo eran. Aquellas señoras cobraban por permanecer dos horas en una habitación mientras Plégnade las regañaba sin parar bajo cualquier pretexto. Llevar la falda demasiado corta, pronunciar mal algún vocablo o, simplemente, tener arrugas, eran motivos suficientes para que Plégnade las sermoneara sin piedad. Al cabo de dos horas él se callaba, la chica de turno se disculpaba, recibía su dinero y se marchaba.
Plégnade puso en práctica esta curiosa ceremonia hasta que, en 1977, una mujer alta y rubia, incapaz de aceptar que tenía los labios demasiado gruesos, le dio un puñetazo en el estómago y le amenazó con denunciarle a la policía.

8/27/2005

Filosofía y macramé

Ahora que hemos renunciado al anonimato y que todos nos habéis visto el careto, ya no viene de aquí. Hemos colgado dos entrevistas que hicimos en nuestro programa de radio para que también os podáis cachondear de nuestras voces. La primera es una entrevista a un sargento retirado de la Guardia Urbana y en la segunda conversamos con un productor de televisión un poco peculiar. Quienes no entiendan el catalán no deben preocuparse, los entrevistados hablaron en castellano.
Ya que disponemos de espacio suficiente, iremos colgando más archivos de este tipo, en especial algunas ediciones de la sección "Martin Heidegger y Miss España".



En la foto, Kikita Tutankhamon (a la izquierda) y yo mismo (a la derecha) acomodando en el locutorio a Palabrito Cantau, uno de nuestros colaboradores habituales.

8/25/2005

Audiopost

Hoy he descubierto la existencia de los audioblogs y les confieso que he quedado impresionado. Mi descubrimiento se debe al señor Ibañez, uno de los gurús de la blogosfera catalana (también llamada Catosfera), que hoy mismo ha inaugurado su audioblog. Yo no dispongo de una voz tan radiofónica como la suya, y no puedo recitar poemas porque me entra la risa. Sin embargo, es tanta la pasión que siento por esta nueva tecnología que, aunque sea sólo una vez, quiero intentar emular al maestro. Les presento, pues, mi primer audiopost, consistente en el fragmento de un poema recitado por su propio autor, el filósofo y esquizofrénico Agustín García Calvo. Que ustedes lo disfruten:
Agustín García Calvo y su discípulo.

8/24/2005

"Incensing": el deporte prohibido

Afortunadamente, la eficacia de la Iglesia a la hora de prohibir y censurar ciertas conductas ciudadanas ha ido decreciendo con el tiempo. Ello tiene sus ventajas y sus inconvenientes: hoy en día cualquiera puede expresar libremente su opinión en público, a pesar de que ello incluya necesariamente a Pilar Rahola.
Aunque se hayan ido estableciendo los límites del poder eclesiástico, hay parcelas en las que dicho poder sigue actuando de forma más o menos implícita. Un claro ejemplo de ello es el juego del incienso, un deporte que, a causa de tener sus orígenes en un ritual religioso, es perseguido por las autoridades eclesiásticas como si se tratara de una herejía y, por consiguiente, acaba siendo practicado por una minoría de temerarios “infieles”. Actualmente casi nadie sabe en qué consiste el juego del incienso. De hecho, ni siquiera existe una denominación común de este deporte. Los ingleses lo llaman “Incensing”, y en Francia se habla del “Jeu de l’Encensoir”. Ambas denominaciones refieren a la misma práctica, que yo he decidido traducir al castellano, aunque sea provisionalmente, con la expresión “juego del incienso”.



Como sabrán, el incensario es un recipiente en el que se quema incienso, produciendo una característica humareda y un olor que, personalmente, no soporto. Se usaba antiguamente en las iglesias como si se tratara de un ambientador, ya que en ocasiones la gente pernoctaba en ellas y la estancia podía acabar oliendo a tigre. Actualmente el uso del incensario pervive como un rito, y el célebre botafumeiro de Santiago de Compostela vendría a ser un “cacho incensario”, el IMAX del rito del incienso.
En un momento determinado a alguien se le ocurrió que el rito del incienso podía convertirse en un deporte. Llegaron a crearse unas reglas del juego complejas y muy estrictas, y aún hoy se sospecha que en ciertos rincones del planeta se celebran partidas clandestinas de “Incensing”. Por lo que he podido descubrir en mis investigaciones, el juego del incienso se lleva a cabo mediante varios equipos de tres o cuatro individuos, que tienen como objetivo ir oscilando el incensario al unísono, como si se tratara de un péndulo. Tarde o temprano, los jugadores acaban perdiendo el compás y quedan eliminados. Aquellos que consiguen oscilar el incensario sin vacilar y sin perder el ritmo, dejando atrás a sus competidores, ganan el primer juego. Posteriormente los ganadores de los distintos equipos se enfrentan en otro juego, y así sucesivamente. Parece un deporte relativamente sencillo, pero los verdaderos expertos poseen técnicas realmente sofisticadas que les convierten en imbatibles. Fíjense en este esquema encontrado en el cuaderno de un presunto jugador clandestino:



Es posible que en un futuro el juego del incienso deje atrás el lastre de la religión y sea visto como un deporte más, al nivel de la petanca, el ajedrez o el "curling". De momento, los torneos de “Incensing” están tan mal vistos en la sociedad como las peleas de gallos o la exploración nasal en los semáforos.

8/22/2005

El inventor malvado

John Ripley descubrió en sus tiempos de estudiante en el MIT que la tecnología doméstica podía utilizarse para el mal. Algunos aseguran que sus célebres y malvadas invenciones están destinadas a hundir el sistema capitalista, asentado en el consumo despiadado. Otros creen que Ripley ama la tecnología y el modo de vida occidental, pero detesta a la humanidad en su conjunto.
Si nos centramos en su biografía, entenderemos cuál pudo ser la génesis de este odio irracional que siente el temible inventor hacia sus congéneres. Ripley era a los veinte años un estudiante modélico. Sus padres habilitaron una amplia habitación en su domicilio para que realizara en ella sus experimentos. Ripley se encerraba allí durante horas y mantenía en secreto el objeto de sus investigaciones. Todos sabían que estaba trabajando en un invento revolucionario, pero nadie pudo saber de qué se trataba hasta que, por fin, Ripley dio por concluido su trabajo y presentó al mundo su famosa bicicleta para zurdos. Fue un rotundo fracaso. Nadie entendía qué utilidad tenía aquel invento, el cual, aparentemente, no se diferenciaba en nada de una bicicleta normal y corriente. Herido y humillado, Ripley se encerró de nuevo en su estudio y allí empezó a diseñar sus terribles aparatos domésticos, que tanto daño han causado a los incautos consumidores.

El laserdisc



Todos ustedes se acordarán de este invento aparatoso e inútil. Estaba destinado a sustituir a la cinta VHS. Mucha gente desperdició sus ahorros adquiriéndolo, descubriendo poco después que se trataba una broma de mal gusto.

La Baby Cage



Ripley presentó esta estupidez describiéndola de este modo: The Baby Cage is an oval shaped domed structure featuring curved crossbars that are strong enough to support an adult's weight, keeping baby safe. ¿Saben de alguien que la use actualmente?

La Thermomix



Aún nos la venden como un invento revolucionario. Sin embargo, todos sabemos que es una tomadura de pelo. Si este aparato cocinara tan bien como aseguran sus vendedores, nadie cocinaría con sus propias manos a estas alturas. Curiosamente, quienes fueron tan estúpidos como para comprarla en su momento siguen defendiéndola a capa y espada. Los usuarios de la Thermomix son como una secta que intenta convencer al mundo de que el cocinar se va a acabar. Pobre gente.

Actualmente, Ripley está trabajando en nuevos inventos del demonio. Al parecer, ya ha terminado el Sonotone MP3, un invento que, probablemente, causará estragos entre la gente de la tercera edad. Circulan también por la red fotografías del último de sus prototipos. Nadie sabe exactamente qué demonios es, pero yo que ustedes no me acercaría a él por si las moscas:

8/19/2005

La buena acción del día

Dedicado a Marc Ferret
Bien entrada la tarde, cuando el sol empezaba a retirarse, Paco Cebrián solía dar largos paseos en coche para relajarse, disfrutando del paisaje y de la carretera. En el último de estos paseos encontró a un perro estirado en la cuneta de la carretera, totalmente exhausto. A pesar de su aspecto sucio y demacrado, resultaba evidente que se trataba de un perro de raza. Cebrián paró el coche, se aproximó al animal y, al verle de cerca, se sintió dispuesto a sacarlo de aquel infierno de asfalto. No estaba acostumbrado a tratar con animales y se sorprendió a sí mismo hablándole al perro en el lenguaje de los sordomudos, pidiéndole que le acompañara a casa. Había aprendido a hablar así gracias a su hermano, que era sordo, y sin querer recurría a aquellos gestos cuando se topaba con algún extranjero y deseaba hacerse entender mejor. Obviamente, al perro le parecieron ridículos todos aquellos gestos, e incluso a Cebrián le sorprendió su propia reacción, que podía tildarse de estúpida sin lugar a dudas. Resultó mucho más efectivo abrir la puerta del vehículo sin más. El perro entendió que debía subir, y así lo hizo.
Mientras regresaba a casa, Cebrián recordó haber oído algo acerca de una perrera próxima a un restaurante al que solía acudir con su mujer los fines de semana. No era muy tarde, así que decidió ir en su busca. Al fin y al cabo, si en la perrera no se lo quedaban, al menos le dirían qué debía hacer con el chucho.

Tardó media hora en llegar a la perrera. No había abierto aún la puerta del coche y ya se oían los insistentes ladridos de los perros. El encargado de la perrera, un chico joven y obeso que olía a chucho, salió a recibirle:

- No me diga que viene a llevarse a uno de esos –dijo el chico señalando al interior de la perrera.
- Más bien al contrario. Me he encontrado en la cuneta a un precioso caniche –respondió Cebrián.

El joven puso cara de fastidio y se acercó al coche. Cebrián pensó que los gritos de aquella legión de perros enjaulados resultaban realmente enervantes.

- ¿Es un Lexus verdad? –comentó el chico. -Un precioso utilitario –añadió, esforzándose en no parecer simpático.
- Gracias.
- Venga, saque al perro para que lo vea.

Cebrián abrió la puerta del coche, pero el perro no salió, temiendo quizá que le abandonaran a su suerte de nuevo.

- ¿Podría ayudarme a hacerle salir? No estoy muy acostumbrado a tratar con animales.
- Qué suerte tiene. Yo sí. Y no me refiero a los perros precisamente.

El joven cogió al perro con soltura y lo sacó del automóvil.

- La gente se cree que son juguetes. Tratan a los animales como si fueran cualquier cosa, ¿sabe? La gente se compra un Mercedes, se cansa y lo cambia por un Lexus. Después le toca el turno a un bonito caniche, que acaba siendo sustituido, qué se yo, por un niño africano. Pero esto no es un jodido vertedero de perros, ¿comprende?
- Lo comprendo, pero al fin y al cabo el perro no es mío. Ya le digo que me lo he encontrado en una cuneta. Y antes de que se lo cargue un coche…
- …mejor que cargue otro con él, claro. En todo caso, debería darme su nombre y su dirección.
- ¿Por qué?
- Es un trámite necesario. Estamos obligados a llevar un control.

Cebrián le entregó una tarjeta que indicaba su nombre completo, su dirección, su teléfono e incluso su correo electrónico.

- Lo que me jode de la gente –comentó el joven observando la tarjeta-, de este tipo de gente del que le hablaba, es que antes de presentarse aquí con el perro resulta que lo ensucian a conciencia para que parezca abandonado, como si encima tuviera alguna culpa. A propósito, ¿cómo se llama el suyo?
- No lo sé. Y le repito que este perro no es mío. No merezco que me traten como a un delincuente, encima que me tomo la molestia de recogerlo de la carretera. Hubiera podido pasar de largo, e incluso deshacerme de él pegándole un tiro, pero no lo he hecho. Si no lo quiere me lo dice, pero deje de insultarme de este modo.
- Pegarle un tiro, claro… -dijo el joven sarcásticamente. Se acercó al perro y leyó una inscripción que había en su collar. A Cebrián, curiosamente, no se le había ocurrido hacer tal cosa. ¡Kitty! –gritó. -Se llama Kitty y es una perrita. Vaya, vaya… ¿Y por qué Kitty? Kitty es una gata en los dibujos de la tele. Debería haberle puesto nombre de perro y no de gato. Lassie, Pluto, Rantamplán…
- Esto dígaselo a su dueño en todo caso.
- ¡Rex, como el perro policía! Rex es mucho mejor que Kitty, cómo no se le ocurrió. Aunque claro, es una perra, esto es verdad. Lassie es más femenino y, por tanto, más apropiado.
- Bueno, yo me marcho, así que si se queda con el perro aquí lo tiene. Llámele como le dé la gana. Si no lo quiere lo deja por ahí, que ya estoy hasta aquí de ir por la vida de hermanita de la caridad y, encima, aguantando impertinencias.

El joven murmuró algo en tono burlón, pero Cebrián no le escuchó. Se metió en el coche y regresó a su casa. Durante la cena, le contó a su mujer lo ocurrido y ambos concluyeron que aquel tipo de la perrera debía estar loco. Y lo estaba, sin duda. Aquella misma noche la esposa de Cebrián oyó un disparo. Cuando llegó al salón encontró el cadáver de su marido con una bala en la cabeza. Al verlo, gritó horrorizada y Kitty, saliendo por la puerta de la cocina, se le acercó dispuesta a consolarla lamiendo, juguetona, sus rodillas. Igual que Cebrián, el chico de la perrera creía haber llevado a cabo la buena acción del día.

8/17/2005

Filosofía de andar por casa

Ordenando unos viejos papeles encontré la carta de presentación que nos envió Josefa Valcárcel cuando solicitó ser colaboradora de Esponjiforme. He pensado que podría interesarles:



Me llamo Josefa Valcárcel y bueno, yo antes era ama de casa, pero me pasé a esto de la filosofía y no me arrepiento, la verdá. Empecé ayudando a mi hijo, el mayor, a hacer sus deberes y sus cosas, y le fui pillando gusto al tema ese del pensamiento. Además es lo que se recomienda: diente sana y corpore sano. Los filósofos griegos no tenían nada de celulitis, porque andaban mucho. Y eran como los pokémons: Tales era el filósofo del agua, Heráclito el del fuego, y todos eran buenos elementos. Pero mi preferido es Hegel porque tenía un sistema omnicomprensivo, o sea, que era de esos que se creían todas las historias de extraterrestres. Aunque eso de pensar mucho tiene sus peligros. El otro día estaba con la Chari en el tranvía ese que han puesto en Barcelona y le dije: oye, y si se pone un conductor en la punta y otro en la cola y arrancan a la vez, ¿qué pasará? ¿Se va a partir esto en dos? Y nos quedamos tan impresionadas por la reflexión que tuvimos que bajarnos y pillar el autobús. De todas formas yo recomiendo esto de la filosofía a todo el mundo, porque es una cosa muy bonita y que se puede practicar a todas horas. Yo antes me iba al gimnasio a hacer nairobi, pero ahora me distraigo lo mismo y sin salir de casa.

8/11/2005

Llovía a cántabros

Ramon Ruipérez fue uno de los musicólogos más prestigiosos de nuestro país. Amaba la música como nadie, especialmente la ópera, y disfrutaba escribiendo críticas en los periódicos y en las revistas especializadas. Su temprana muerte fue recibida con sorpresa y dolor por todos sus amigos y admiradores, entre los cuales me incluyo.

Ruipérez interpretando "Concierto para piano y peinado de los años ochenta".

A los cuarenta años de edad se le diagnosticó una rara disfunción en el corazón que debía ser corregida mediante cirugía y con relativa premura. Ruipérez recurrió a un amigo suyo que era médico para que le asesorase, quería asegurarse de que le operaría el cirujano más capacitado para ello. Su amigo le presentó al doctor Vélez, un cirujano brillante y con mucha experiencia que estaba dispuesto a operarle cuando quisiera. Cenaron todos juntos en un buen restaurante para conocerse mejor. Fue una velada agradable. Vélez demostró ser un tipo parco en palabras pero muy formal. Ruipérez se sintió tranquilo y confiado al conocerle. Vélez pasaría unos días de relax en la playa y cuando regresara acordarían la fecha de la operación, que no podía demorarse mucho. “Ya os mandaré una postal desde allí”, prometió Vélez al despedirse. Por lo visto era un hombre de palabra, y al cabo de unos días Ruipérez recibió un escrito en el que podía leerse lo siguiente:

¡Hola!

Aquí en la plalla llueve a cántabros. He corrido por un camino y he pisado todos los charcos. Tendrías que haver visto mis calzoncillos que estavan todos mojados. La comida está buena casi no dejo nada en el plato y tienen lenguado y de todo. Hay unos panecillos con pipas. Yo me como todas las pipas y dejo el panecillo. Casi me pica una medusa pero he sido valiente y casi la pesco y todo.

Espero que estés bien. Nos vemos pronto.

Ignacio.

Ruipérez quedó estupefacto al leer aquello. Vélez parecía oligofrénico, apenas sabía articular una frase. Estaba claro que un individuo así no podía operarle. La mujer de Ruipérez insistió en que la operación no podía atrasarse. Temía por la vida de su esposo:

- ¿Cómo quieres que me abra con un bisturí un tipo que dice que llueve a cántabros? ¿Piensas que me he vuelto loco?
- Tiene un historial envidiable. Estudió en Harvard. ¡No todo el mundo tiene por qué escribir como Paul Auster!
- ¿Es que no lo has leído? Este tío escribe como un retrasado mental.
- La cirugía es una actividad artesanal, ¿qué más da lo que sea si es bueno en lo que hace? Además, la intención es lo que cuenta. Ha sido un detalle el escribirte.
- No pienso dejar que me toque este tonto del culo. ¡Vamos, es que no dejaría ni que me lavara el coche!

No hubo manera de convencer a Ruipérez. Su amigo le juró que Vélez sabía lo que se hacía, pero Ruipérez prefirió buscar algún médico en los Estados Unidos que le diera más confianza. Sin embargo, la enfermedad se adelantó y Ruipérez murió antes de que pudieran operarle. Poco tiempo después, su mujer recibió una carta de Vélez en la que expresaba sus condolencias por la muerte de Ruipérez. No había en ella ninguna falta de ortografía, y su modo de expresarse era impecable. La posdata lo aclaraba todo:

“Os envié una carta desde la playa, pero al parecer la recibió mi padre. Supongo que confundimos los sobres, así que es probable que recibierais la que mi hijo le escribió a él. Imagino que os percatasteis del error. No me he enterado hasta hace poco. Qué estupidez, ¿verdad? Cuídate mucho y no dudes en llamarnos".

8/09/2005

Joe "Ostiafina" Palmer

Joe “Ostiafina” Palmer era un ser excepcional. Fue el mejor boxeador de los años setenta, un verdadero coloso en el ring. Nació en un barrio humilde de Ohio, Arlington, New Mexico, de padre judío y madre alcohólica. Desde pequeño aprendió a soportar el dolor y se entrenó duramente parando taxis a patadas y abriendo puertas con la cabeza, incluso las que se abrían hacia fuera. A los veinte años de edad se había enfrentado ya a los más grandes luchadores. Había derribado a Jackie “Rebientaórbitas” Smith y había hecho picadillo a Jim Franklin, alias “La Roca”, que acabó cambiando su apodo por el de Jim “Steak Tartar”. Se convirtió en el campeón del mundo de los pesos pesados derrotando a Lennie “Gallumbos” Parker, quien después del combate era capaz de mirarte fijamente a los ojos y darte la espalda simultáneamente.



Joe “Ostiafina” Palmer

Parecía que nada en el mundo podía parar a Joe “Ostiafina” Palmer. Sin embargo, el 13 de Diciembre de 1976, Joe se sintió incapaz de subir al ring por vez primera. Había empezado a sufrir mareos y a sentirse extraño. Su manager, Henry Llopis, se preocupó seriamente cuando Joe le dijo por teléfono que no quería recibir visitas y que no respondería a las llamadas durante un tiempo. “Joe, muchacho, no vas a echarlo todo por la borda por un simple mareo”, le contestó Henry. No obtuvo respuesta. Joe colgó el aparato y se encerró en su dormitorio. ¿Qué le estaba ocurriendo a Joe “Ostiafina”? ¿Por qué se negaba reiteradamente a recibir la visita de un médico? Después de insistir mucho, Henry Llopis consiguió que Joe le recibiera en su casa y que acabara confesando su problema:

- ¿Cómo quieres que pelee? ¿No me has visto la barriga Henry?
- ¿Qué demonios le ocurre a tu barriga? Yo no le veo nada raro.
- Henry, joder, mírame a la cara. ¿No me ves distinto?
- Lo único que veo es que te estás comportando como un jodido marica Joe. Si no fuera porque sigues comiendo como un puto cerdo, pensaría que te has vuelto anoréxico.
- Henry, no seas idiota. ¡Mira mi barriga joder! ¿Es que no te das cuenta? ¿Cómo quieres que suba al ring y ponga en peligro al bebé? Estoy de cuatro semanas Henry, de cuatro jodidas semanas.

Joe “Ostiafina” Palmer sufría un embarazo psicológico. Era un trastorno humillante, sobretodo para un boxeador de primera categoría. Henry prometió guardar el secreto. Aseguró ante la prensa que Joe “Ostiafina” había decidido abandonar el boxeo temporalmente a causa de una depresión. Sin embargo, Joe no volvió a boxear nunca más. Pronto la gente se olvidó de él y otros luchadores ocuparon su lugar.

Gracias a los diarios personales de Henry Llopis, descubiertos recientemente, hemos podido conocer de cerca algunos detalles de la triste decadencia de Joe “Ostiafina” Palmer:

Octubre de 1977

He recibido una carta de Joe. Está furioso. No soporta ver cómo le quitan el puesto. Dice que el boxeo se ha convertido en un negocio de mierda. “Hasta los nombres de los boxeadores están patrocinados por las grandes empresas Henry. ¿Qué mierda es esta? ¿Desde cuándo un boxeador se hace llamar David “parquet flotante” Lexington, o Charlie “cerrajería 24 horas” Dretske?”

Enero de 1978

Esta mañana mi mujer ha visto a Joe paseando por el parque. Arrastraba un carrito y le hablaba a un osito de peluche que había dentro. Creo que está muy jodido de la olla.

Junio de 1979

Joe está destrozado. Me ha llamado esta tarde. Lloraba como una niña desconsolada. Dice que no han aceptado a su hijo en la escuela pública. Está pensando en viajar a Europa, pero no le queda un duro.

Febrero de 1980

Hoy ha sido el peor día de mi vida. Me ha llamado Bruce a las seis de la mañana: han encontrado el cadáver de Joe en la vía del tren. Me he vestido y he salido a comprar el periódico para leer la noticia. Cuando he abierto la puerta de mi casa he encontrado una caja de madera. Dentro había una nota de Joe y un osito de peluche. En la nota Joe me pide que cuide de su hijo. Asegura que no puede confiárselo a nadie más, que yo he sido como un hermano para él. Dios mío, este tipo estaba como una puñetera cabra.

8/02/2005

Los riñones de tu padre

Dedicado a Lindyhomer.
Hans Rattel fue profesor de filosofía medieval en Cambridge. Alemán de nacimiento, se trasladó a Inglaterra a los tres años e ingresó en una guardería para niños superdotados. A los seis años hablaba alemán, inglés, latín y una variante extraña del andaluz. También solía mantener largas conversaciones en braille con sus compañeros. A los veinte años abandonó la guardería y fue aceptado en Cambridge, donde se especializó en filosofía medieval, obteniendo finalmente una plaza de profesor y de parking.
Rattel era el típico catedrático aburrido y sesudo. Sus alumnos le llamaban “caratruño” cariñosamente, y a él no parecía disgustarle. Habría pasado a la historia como uno de los grandes expertos en filosofía medieval, pero se hizo famoso por otra razón que no tiene nada que ver con lo académico. Rattel es aún recordado en Inglaterra porque murió empalado.
Hans Rattel

Todo empezó en 1962, cuando uno de sus alumnos le preguntó si tenía algún pariente que se dedicara a la música heavy. Rattel lo negó rotundamente, y entonces el alumno le enseñó un par de discos de un grupo llamado “Los riñones de tu padre”. Rattel pudo comprobar por sí mismo que en la lista de agradecimientos de ambos discos aparecía su nombre y su apellido, el cual era muy poco frecuente. Rattel contactó con todos los miembros de su familia residentes en Inglaterra. Ninguno de ellos estaba relacionado con la música heavy ni conocía a ningún Rattel que lo estuviera. Uno de sus primos lejanos confesó que sufría ataques de histeria, pero nunca le daba por la música sino por la bebida.
Intrigado, Rattel acudió a una tienda de discos underground recomendada por su alumno y comprobó con estupor que aparecía en todos los discos de aquel extraño grupo, siempre en los agradecimientos. Pero había algo mucho más grave: descubrió que su propia cara salía en la portada de uno de los singles, titulado “Singin’ In The Pain”. La imagen de su rostro había sido extraída sin lugar a dudas de una de sus obras, concretamente de un estudio sobre la filosofía de Plotino. Rattel nunca había sido partidario de insertar su foto en la solapa de sus libros, y ahora descubría lo mucho que se había equivocado al ceder a las exigencias de la editorial. El encargado de la tienda de discos le explicó a Rattel que “Los riñones de tu padre” era uno de los grupos más radicales del momento. En uno de sus conciertos, el bajo y el vocalista jugaron a fútbol con una cabra y la mataron a patadas. Sin embargo, desconocía las influencias del neoplatonismo en su música. Al ver que Rattel era quien aparecía en la portada del “Singin’ In The Pain” le pidió un autógrafo, pero él huyó de la tienda sin concedérselo.



Rattel siguió con sus investigaciones después de la visita a la tienda de discos. Llamó a la discográfica del grupo y obtuvo la dirección a la que sus miembros recibían las cartas de los fans. Por mucho que insistió, no quisieron facilitarle ningún teléfono de contacto. Escribió una carta en la que pedía explicaciones e incluso amenazaba a los miembros del grupo con denunciarles por haber usado su fotografía. Al poco tiempo le llamó el vocalista del grupo y le dijo que estaba muy interesado en conocerle. Le explicó que la teoría de la emanación de Plotino había inspirado muchas de las letras de sus discos. Siguió hablando de ello cuando quedaron finalmente en el local de ensayo del grupo. Hammerblood, el vocalista en cuestión, creía firmemente en la teoría plotiniana. “Todos emanamos del alma del mundo, que es Dios”, aseguró. Ambos estuvieron discutiendo ampliamente sobre el neoplatonismo, mientras el resto del grupo bebía y esnifaba coca. Rattel discutió algunas de las premisas de Hammerblood. Le acusó de interpretar a Plotino de un modo demasiado simplista. La tensión aumentó, Hammerblood se puso nervioso, pero Rattel fue incapaz de desviar el tema: su pasión por el rigor superaba el temor suscitado por la mirada de aquel joven radical. Rattel fue imprudente. Descubrió demasiado tarde que es mejor darle la razón a un tonto que morir empalado.

8/01/2005

Curioso fenómeno

El Irregular ha escrito un magnífico mensaje en el foro de Artesonado inspirándose en nuestra foto del mes. Se lo reproduzco a continuación:

Está cayendo agua del cielo.



Lluvia, creo que llamaban a esto los antiguos.