5/25/2006

La Estrategia Mazogrande

Serafino Mazogrande ingresó en la academia militar a los 14 años. Su padre era un alto cargo de la armada y contaba con que su hijo siguiera sus pasos firmemente. Así fue. Serafino se convirtió en un recluta ejemplar dedicado, con absoluta devoción, a mejorar su condición física, probando su valor y su capacidad de reacción en multitud de ocasiones. Durante la realización de uno de esos retos, sin embargo, la suerte de Serafino cambió. El joven sufrió un accidente que lo tuvo postrado en la cama de un frío hospital militar durante 3 meses. En ese periodo, el destino de Serafino cambiaría radicalmente.

La única compañía del chico durante las largas y tediosas tardes de recuperación fue María, una enfermera cuarentona entrada en carnes que se excedía con la barra de labios y con el rimel. Cada tarde, María encendía el televisor y se quedaba enganchada mirando la temporada de ballet. Serafino contemplaba sin entusiasmo el espectáculo, soñando con recuperarse para volver a la academia militar y afrontar nuevos retos. Pensaba en su padre que, en esos momentos, se encontraba en el extranjero dirigiendo alguna misión de paz. En el fondo, María no era tan mala compañía. Pasaba horas sentada al lado de Serafino mirando al infinito sin articular palabra y comiendo una barrita energética tras otra. Era una buena mujer, sólo que poco habladora. Compartía sus barritas con Serafino y, al llegar la tarde, ponía el ballet y se quedaba embobada. Con el tiempo, Serafino empezó a comprender la afición de María por la danza. Esos cuerpos eran maquinas de precisión. Todos los movimientos estaban ejecutados con firmeza y exactitud. El joven contemplaba las coreografías pensando en el reto que suponía realizarlas a la perfección.

Tras tres meses de rehabilitación, y cientos de barritas energéticas a sus espaldas, Serafino pudo levantarse de la cama. Decidió, entonces, convertirse en el primer bailarín de ataque de la historia. Si lograba este cometido, la armada se haría invencible. Prorrogó su permiso, alegando que no se encontraba todavía en condiciones óptimas de salud. Durante ese tiempo, entrenó fuertemente para dominar su cuerpo en el arte de la danza y, cuando hubo adquirido cierta maestría, volvió a la academia para exponer la idea, que bautizó como “Estrategia Mazogrande”, a sus compañeros. Sin embargo, ni la explicación ni la demostración de Serafino tuvieron la respuesta que él esperaba.

Serafino intentando convencer a sus compañeros de las ventajas de su sistema.

Ni siquiera una demostración del ataque danzado fue convincente.