Filosofía de la calle
El taxi sale más caro que el autobús, pero en ocasiones obsequia al cliente con lecciones magistrales que no imparten en ninguna universidad. Les reproduzco a continuación una conferencia pronunciada por Antonio Garrido en su Skoda Octavia TDI acerca de la influencia de la tecnología en nuestras vidas.
Yo le digo a mi hijo que deje esto del taxi porque no hay futuro. De momento aún sí, pero pronto los coches los conducirán máquinas. Mira si no este aparatito, el navegador. Me dice por dónde tengo que ir hasta llegar al destino. Es para tontos, yo no tengo que hacer nada de nada. Cuando le añadan un sistema para que el coche detecte los obstáculos y pueda conducirse solo, se acabó el trabajo de taxista. Accidentes habrá igual que ahora, porque en las máquinas también hay eso del error humano, pero todo irá solo. De hecho, la línea cinco del metro funciona sola. Esto la gente no lo sabe, pero ponen un maniquí en la cabina y ya está. Hace años que va así, además. Y los aviones, ya me dirás. Ahí tiene que haber una persona porque la gente no se fiaría. Pero si hay algún problema, ¿qué crees que podrá hacer el tío? Nada. Cobran una pasta y no hacen nada. Yo, ya ves lo que hago ahora. Utilizo una pequeña parte del cerebro, como quien dice, para hacer esto. Que, por cierto, no sé si lo has leído, a las modelos empiezan a quitarles ya trozos de órganos para que pesen menos y pasen los controles esos tan estrictos para desfilar en las pasarelas. Hay partes del cuerpo de las que podemos prescindir, y como pesan, pues fuera. No es broma. Les quitan partes del cerebro que no usan. Total, la operación no se nota, la procesión va por dentro que se dice. Y después las ves hablar así y piensas “joder, a esta le quitaron más de lo necesario, pobre muchacha”.

Esto de la tecnología es una barbaridad, la persona humana no cuenta para nada. Yo ahora mismo podría ser un robot y estar aquí haciéndote creer que soy un taxista normal. Bueno, no creo que los ingenieros se hubiesen molestado en ponerme pelillos en la nariz y barriga cervecera, eh. Y tampoco tendríamos esta conversación. Las máquinas no conversan como nosotros. Sólo hablan por patrones. Nosotros vamos distinto, no sé. La gente cuando habla en sitios públicos se roba conversaciones, te habrás fijado alguna vez. Tú haz la prueba. Cuando estés en la terraza de un bar con alguien, empieza a hablar de un tema así polémico como la inmigración, y ya verás como los de al lado acaban robándote la conversación y se ponen a discutir sobre lo mismo. Ya sé que es una tontería, pero a mí esto me da mucha rabia. Que sean más originales, joder, que se metan en sus cosas. Pero bueno, volviendo al tema, ya verás tú que dentro de poco tiempo todo lo llevarán máquinas como el navegador ese que tengo aquí. Y fíate tú, fíate tú de esos cacharros. Porque esto es como el chiste aquél del Windows y el Mac. Si tiras por el balcón y al mismo tiempo un Windows y un Mac que pesan exactamente lo mismo, ¿cuál llegará antes al suelo? Venga, contesta. ¿No? Pues el Mac hombre, porque el Windows se cuelga. ¡Se cuelga!



































































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