A veces me preguntan por el estado de la Filosofía en nuestro país y me piden que nombre a algún autor español que me interese. Si puedo, intento desviar la conversación para no tener que responder a la pregunta. Hay varias opciones. Suelo contraatacar con otra pregunta: “¿Cómo puede importarte esto con la de niños desnutridos que hay en África?”, y si la estrategia no resulta efectiva simulo un ataque de epilepsia. Sin embargo, no es muy agradable que las amistades te recuerden como “aquel chaval epiléptico tan preocupado por el Tercer Mundo”. Y aunque sé que lo mejor y lo más fácil es citar a Ortega y Gasset, intento evitarlo porque siempre me pareció un imbécil.
Hoy he encontrado una foto en el Google y he decidido que el filósofo español que más me interesa es Agustín García Calvo. Y lo digo en serio. García Calvo me gusta, ahora lo tengo claro. Me gusta porque está completamente loco. Porque es auténtico. Y porque marca paquete.

La casa parece de Ikea. Él no.
Cuando lo que dicen los filósofos no tiene ningún interés, lo mínimo que se les puede pedir es que den la nota, que tengan estilo propio y que nos hagan de reír (ocurre lo mismo con muchos artistas conceptuales, pero este es otro tema). Y García Calvo sabe hacerlo como nadie. Sé que hay un grupo de profesores en la facultad de Filosofía que se declaran admiradores incondicionales de Chiquito de la Calzada. García Calvo es lo que más se acerca a él en el ámbito de la Filosofía. Quiero que le den el Nobel. Si se lo dieron a Cela, él también se lo merece.

Bibliografía:
De la Filosofía a la patología.
De la realidad a lo otro.
García Calvo en Youtube.
García Calvo en Google Images.
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