3/13/2007

¿Quién controla al controlador?

En el Instituto de la Mujer hay un grupo de superhéroes que se dedican a examinar anuncios y a determinar si violan o no los derechos de las personitas como usted y como yo. Trabajan en el denominado “Observatorio de la publicidad sexista”, que es un edificio acristalado lleno de televisores de plasma, bolsas de ganchitos y ejemplares de la Ética Nicomaquea. Sin ellos no sabríamos cuándo se vulneran nuestros derechos, algún desaprensivo podría estar cosificando a nuestras esposas y nosotros sin enterarnos. Hay mucho malo suelto, y ahora más con esto del Internet.
Su última gesta ha sido atacar un anuncio de Dolce & Gabbana. Ya saben, ese en el que cinco mozos y una moza juegan al Twister. No estuvo mal, la verdad. De hecho, animado ante tamaña empresa, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid se ha metido ahora con otro anuncio de Armani Junior en el que salen unas niñas de otra raza vestidas con trapos y encima en blanco y negro, como diciendo: “son atrasadas”.
Pero seamos un poco críticos y preguntémonos: ¿quién controla al controlador? ¿Cómo sabemos que nuestros colegas del Observatorio examinan todos y cada uno de los anuncios que se emiten? Llámenme paranoico, pero: ¿y si se les escapa alguna vejación mientras están en el baño tomando un respiro? ¿Quién nos protegerá en tal caso? No sería la primera vez que una de estas entidades tiene un desliz. Me refiero a lo que pasó el año pasado en Shangai:

No es un anuncio, son las Animal Olympics de China, que es peor. La Captive Animals Protection Society, obviamente, no tardó en denunciar que una serie de osos como el de la foto estaban siendo obligados a conducir vespinos sin casco y, en muchos casos, sin estar dados de alta. Pero, como lo suyo eran los animales, no se percataron de que los chinos también estaban sufriendo lo suyo:

No podemos culpar a nuestros colegas de la Captive Animals por no fijarse en el sufrimiento de esos pobres orientales, totalmente desatendidos y alejados del Estado del BienestarTM. Lo suyo son los animales, lo demás no es de su competencia.
Como la experiencia es un grado, y para evitar que ocurran cosas similares en España, propongo que los defensores de la mujer, los defensores del menor y los defensores de las cosas en general se fusionen en una sola Entidad Defensora Del Todo, más potente y mejorada, como el Cola Cao Turbo.