El pequeño Iramon

Internet es el Mal, pero tus gafas más.
La tecnofobia del cantante resulta un tanto ridícula, pero no lo es menos la tecnofilia. Antonio Ribellas, un sociólogo murciano heredero del neodeterminismo trash, constata en uno de sus artículos que, si bien en los años ochenta y noventa proliferaron en España los nombres inspirados en celebrities americanas (Sigurney López, Demi Serrano, Kevin Kosner Antúnez, etcétera), ahora lo que se lleva son nombres herederos de la tecnología. El caso más extremo es el de una pareja gallega que, homenajeando al Ipod, ha bautizado a su hijo con el nombre de Iramon. Lo habrían tenido fácil llamándole Ignacio, pero en este caso el mundo no se hubiera enterado de lo mucho que sus padres veneran al reproductor de Apple. Y no contentos con el nombre, también han condicionado su imagen pública:

Iramon Martín, que en catalán sería un Ipod Nano.
Cuando el Ipod pase a ser una relíquia igual que el Laserdisc o el asiento eyector para helicópteros, este niño se sentirá totalmente fuera de catálogo, con las consecuencias psicológicas que ello puede acarrear. Los niños no son tatuajes ni coches para tunear. El capricho de hoy puede ser la maldición del mañana.



































































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