Demasiado estúpido para ser mentira
¿Alguna vez se han preguntado por qué tienen marcas de las sábanas en la cara al despertarse? ¿O por qué sudamos? Yo tengo una respuesta bastante convincente que si non è vera, è ben trovata. El “milking” es una estrategia a la que recurren los guionistas para dar más credibilidad a sus historias. Una vez tienen el cuerpo diseñado, le añaden detalles para hacerlo más realista. En el fondo, se trata de extraerle el máximo partido; de sacarle todo el jugo, como el nombre indica. Por ejemplo, que cierto personaje tenga un tic o una expresión recurrente, es una forma de hacerlo más humano. Con el mundo sucede lo mismo.

El hombre necesita energía para funcionar, que toma de la comida. Bien, pero vamos a hacer que parezca un poco más complicado porque, tan sencillo, no cuela. La comida engordará. ¿Por qué? No es necesario. Comemos, aprovechamos la energía y lo que no nos sirva, lo expulsamos. ¿Hace falta que engorde? El concepto “engordar” no debería existir, sólo está para que la realidad no parezca poco creíble. Lo mismo sucede con las uñas. ¿Alguien sabe por qué tenemos uñas? ¿Y por qué no dejan de crecer? Es un pequeño detalle que nos hace humanos. Podría darles muchos otros ejemplos: la piel arrugada cuando se está demasiado tiempo en remojo, los sueños (son completamente innecesarios) o las regulares erecciones matutinas. Sé que mi tesis huele a Creacionismo, pero veamos: según la Teoría de la Evolución, las especies vamos perfeccionando nuestra adaptación al medio a tientas: se producen mutaciones de forma casual y las más adecuadas prosperan (porque el individuo que posee esas cualidades llega a la edad reproductiva). Por “mejor adaptación” se entiende la capacidad de dar una respuesta adecuada en el menor tiempo posible. Pero no vamos a entrar en detalles. Simplemente decir que, en cierto modo, esto nos conduce a la simplicidad. Se forman máquinas sencillas pero precisas. Es una cuestión de optimización de recursos. Así pues, detalles como que nos salgan pelos de la nariz y de las orejas o que en el mar haya corrientes no tienen ningún sentido. Están de más. A no ser que, como sostengo, existan para darnos la sensación de que todo es más real. En este punto, la pregunta crucial es: ¿quién es el guionista? Y, ya que estamos: ¿hacía falta Jordi González?



































































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