3/14/2007

Ladrones de conversaciones

Mark Hennig ha puesto nombre a un fenómeno que todos ustedes habrán experimentado en alguna ocasión. Discuten con su esposa en el autobús sobre el uso de la píldora del día después y, al cabo de unos minutos, se percatan de que el grupo de ancianas de la parte de atrás está hablando de lo mismo. ¿Una coincidencia? Evidentemente, no. Han sido víctimas de un robo de conversación. No es que sea un delito o una inmoralidad, pero el fenómeno confirma lo que ya advirtió Jean François Lyotard en aquella famosa balada: “l’hoomme est un être essentiellemeeent mimétiiiqueee”.
El caso es que Hennig y unos colegas suyos de la Princeton University realizaron un experimento asombroso. Con el objetivo de averiguar hasta dónde llega la capacidad humana de robar conversaciones, diseñaron una serie de temáticas situadas entre el tópico y la polémica, candidatas ideales para incentivar el robo conversacional. Seguidamente, contrataron a doce actores que, trabajando por parejas, recorrieron durante meses distintas líneas de autobús y de metro, discutiendo airadamente sobre los temas establecidos y atendiendo a las reacciones de la gente. Las conclusiones de la investigación acabaron confirmando la hipótesis inicial de Hennig: el robo conversacional es una tendencia inherente a la condición humana y se produce con más frecuencia entre el público femenino mayor de sesenta años.
No contento con su primera investigación, Hennig quiso dar un paso más. ¿Puede provocarse el robo conversacional empleando temas menos populares y controvertidos? Intentando responder a esta pregunta, Hennig hizo que dos actores discutiesen sobre la dialéctica de Hegel en un vagón de metro repleto de viajeros. La clave estaba en enfatizar los gestos y la entonación, contagiando a los demás la sensación de que se estaba debatiendo algo realmente interesante. El resultado fue increíble: dos señoras totalmente convencidas de que la cosmología hegeliana es, ante todo, el resultado de una idealización, cuatro adolescentes entregados a la filosofía nietzscheana como clara superación del kantismo y una venezolana de cuarenta años partidaria de una revisión crítica del primer romanticismo alemán. A raíz de este segundo estudio, Hennig considera que el poder de la retórica es total, independientemente del contenido que se esté transmitiendo. De nuevo, Lyotard ejemplifica la cuestión perfectamente en su célebre videoclip “Il fait beau dans le Métro”:

Algunos creativos publicitarios ven en el experimento de Hennig un descubrimiento prodigioso: es posible conseguir que un autobús entero acabe discutiendo sobre las ventajas del nuevo Ipod si se cuenta con actores suficientemente capacitados para motivar el robo conversacional. Así pues, es muy probable que las nuevas estrategias publicitarias tengan en cuenta esta posibilidad y empiecen a actuar sin piedad en el transporte público. Somos así de influenciables, qué le vamos a hacer.

3/13/2007

¿Quién controla al controlador?

En el Instituto de la Mujer hay un grupo de superhéroes que se dedican a examinar anuncios y a determinar si violan o no los derechos de las personitas como usted y como yo. Trabajan en el denominado “Observatorio de la publicidad sexista”, que es un edificio acristalado lleno de televisores de plasma, bolsas de ganchitos y ejemplares de la Ética Nicomaquea. Sin ellos no sabríamos cuándo se vulneran nuestros derechos, algún desaprensivo podría estar cosificando a nuestras esposas y nosotros sin enterarnos. Hay mucho malo suelto, y ahora más con esto del Internet.
Su última gesta ha sido atacar un anuncio de Dolce & Gabbana. Ya saben, ese en el que cinco mozos y una moza juegan al Twister. No estuvo mal, la verdad. De hecho, animado ante tamaña empresa, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid se ha metido ahora con otro anuncio de Armani Junior en el que salen unas niñas de otra raza vestidas con trapos y encima en blanco y negro, como diciendo: “son atrasadas”.
Pero seamos un poco críticos y preguntémonos: ¿quién controla al controlador? ¿Cómo sabemos que nuestros colegas del Observatorio examinan todos y cada uno de los anuncios que se emiten? Llámenme paranoico, pero: ¿y si se les escapa alguna vejación mientras están en el baño tomando un respiro? ¿Quién nos protegerá en tal caso? No sería la primera vez que una de estas entidades tiene un desliz. Me refiero a lo que pasó el año pasado en Shangai:

No es un anuncio, son las Animal Olympics de China, que es peor. La Captive Animals Protection Society, obviamente, no tardó en denunciar que una serie de osos como el de la foto estaban siendo obligados a conducir vespinos sin casco y, en muchos casos, sin estar dados de alta. Pero, como lo suyo eran los animales, no se percataron de que los chinos también estaban sufriendo lo suyo:

No podemos culpar a nuestros colegas de la Captive Animals por no fijarse en el sufrimiento de esos pobres orientales, totalmente desatendidos y alejados del Estado del BienestarTM. Lo suyo son los animales, lo demás no es de su competencia.
Como la experiencia es un grado, y para evitar que ocurran cosas similares en España, propongo que los defensores de la mujer, los defensores del menor y los defensores de las cosas en general se fusionen en una sola Entidad Defensora Del Todo, más potente y mejorada, como el Cola Cao Turbo.