12/28/2007

Siete toneladas de amargura

"Desde abajo te devora", Buffy Cazavampiros.

La gente hace como que no se da cuenta pero tenemos un problema, señores. Un problema de mierda. Me disgusta tener que ser yo quien saque el tema, francamente, pero no soy de los que esconden las miserias bajo la alfombra. Tolero mejor la vergüenza que la irresponsabilidad, de modo que voy a decirlo y espero que los que han estado haciendo como si nada hasta ahora se dignen a apoyarme. La cuestión es que muchos de los honrados y respetables ciudadanos de la ciudad madrileña de Madrid hemos crecido, como mínimo, quince centímetros en los últimos días. Y no hay que buscar las causas del fenómeno en la dieta ni en factores demográficos. Hemos crecido porque en vez de desplazarnos sobre el llano pavimento como acostumbran nuestros compañeros de civilización, caminamos elevados por montones irregulares y hediondos de mierda. De mierda de la buena. Que no es otra que la mierda del metro de Madrid.
Los lunes en el metro de Madrid son lunes Dead Rising. Transeúntes con cara de zombie arrastran pasmados bajo sus pies fragmentos de periódico, decorados todos ellos con una amalgama de material orgánico tan sólo descriptible mediante arcadas, y las papeleras -¡ay, las papeleras!- son ellas las que vomitan ahora en las caras de los borrachos, ejecutando con ello una venganza gestada durante siglos. Yo amo a la vida más que a mí mismo, pero cada vez que bajo al metro siento el irrefrenable impulso de arrojarme a las vías para librarme así de las garras de este nuevo imperio subterráneo de la roña. Ignoro el umbral de porquería acumulada que el ser humano es capaz de tolerar. Me aterra pensar que mi capacidad de adaptación está por debajo de la de mis congéneres. Piensen que en nuestro país se soportaron treinta y seis años de dictadura. Entiendo, pues, que para muchos la mierda sea ahora pan comido. Lo parece, en todo caso, a juzgar por el comportamiento, totalmente impasible e indiferente, de quienes me han acompañado estos días en mis sufridos viajes suburbanos. En el periódico dicen que toda esta basura alcanza ya las siete toneladas. A mí me parece magnífico el periodismo de investigación, pero sólo pido una cosa: que el mismo que se está dedicando a pesarla, haga el favor de apartarla de mi vista, ya que está puesto.

12/13/2007

Demasiado estúpido para ser mentira

¿Alguna vez se han preguntado por qué tienen marcas de las sábanas en la cara al despertarse? ¿O por qué sudamos? Yo tengo una respuesta bastante convincente que si non è vera, è ben trovata. El “milking” es una estrategia a la que recurren los guionistas para dar más credibilidad a sus historias. Una vez tienen el cuerpo diseñado, le añaden detalles para hacerlo más realista. En el fondo, se trata de extraerle el máximo partido; de sacarle todo el jugo, como el nombre indica. Por ejemplo, que cierto personaje tenga un tic o una expresión recurrente, es una forma de hacerlo más humano. Con el mundo sucede lo mismo.

El hombre necesita energía para funcionar, que toma de la comida. Bien, pero vamos a hacer que parezca un poco más complicado porque, tan sencillo, no cuela. La comida engordará. ¿Por qué? No es necesario. Comemos, aprovechamos la energía y lo que no nos sirva, lo expulsamos. ¿Hace falta que engorde? El concepto “engordar” no debería existir, sólo está para que la realidad no parezca poco creíble. Lo mismo sucede con las uñas. ¿Alguien sabe por qué tenemos uñas? ¿Y por qué no dejan de crecer? Es un pequeño detalle que nos hace humanos. Podría darles muchos otros ejemplos: la piel arrugada cuando se está demasiado tiempo en remojo, los sueños (son completamente innecesarios) o las regulares erecciones matutinas. Sé que mi tesis huele a Creacionismo, pero veamos: según la Teoría de la Evolución, las especies vamos perfeccionando nuestra adaptación al medio a tientas: se producen mutaciones de forma casual y las más adecuadas prosperan (porque el individuo que posee esas cualidades llega a la edad reproductiva). Por “mejor adaptación” se entiende la capacidad de dar una respuesta adecuada en el menor tiempo posible. Pero no vamos a entrar en detalles. Simplemente decir que, en cierto modo, esto nos conduce a la simplicidad. Se forman máquinas sencillas pero precisas. Es una cuestión de optimización de recursos. Así pues, detalles como que nos salgan pelos de la nariz y de las orejas o que en el mar haya corrientes no tienen ningún sentido. Están de más. A no ser que, como sostengo, existan para darnos la sensación de que todo es más real. En este punto, la pregunta crucial es: ¿quién es el guionista? Y, ya que estamos: ¿hacía falta Jordi González?

Así se hace, oh sí

No acostumbramos a reseñar entradas de otros blogs porque, como saben, hemos venido aquí a hablar de mi libro. En este caso, empero, haremos una excepción. Porque lo que le ha hecho Hernán Casciari a Rosa Montero es digno de ser enmarcado.

"Este nuevo carnicero dejará su huella en grandes y chicos."

Y ya que estamos puestos en la labor de reseñar las grandes gestas de nuestros compañeros del internet, permitan que insista en la figura de Jorge Riera, alias Puto Krio, que de escribir para el Cámera Café ha pasado a dirigir el programa Space Ghost en la cadena TNT (se emite los viernes a las 23:30). En su día les hablamos de su Trilogía de la urba. Hoy les ofrecemos uno de sus programas -hay más en Youtube-. Y me abstengo de comentar nada: el producto se explica por sí mismo y ustedes no son precisamente tontos.

Por último, dejen que exprese mi profundo desacuerdo con el cierre del Desternillablog, uno de los cuatro blogs que visito diariamente y que forman parte de mi rutina cotidiana. Espero que sus autores sigan su andadura en otro sitio. Podemos prescindir del 20 Minutos, pero no de tipos como ellos.

12/08/2007

Why do you paint?

Jean-Jacques Rousseau decía que el hombre acostumbra a hacer tres cosas en el lavabo: una rápida, una lenta y otra divertida. Yo estaba haciendo la lenta el otro día cuando, de repente, me asaltó una duda: ¿por qué hay pintores que de vez en cuando filosofan y, en cambio, no hay filósofos que pinten? Repasé mentalmente mis conocimientos de Historia de la Filosofía y sólo me acordé de las horribles composiciones musicales de Nietzsche –que no me servían, porque buscaba filósofos pintores- y de las reflexiones de Wittgenstein acerca de los colores. Ni siquiera éste me valía porque, aunque había perdido mucho tiempo definiendo la “luz café”, nunca se había molestado en pintarla. “¿Es que no ha habido ningún filósofo en la Historia de la Humanidad que se haya dignado a explorar las maravillas de las artes plásticas?”, me pregunté a mí mismo, al tiempo que tiraba de la cadena. Y entonces, emergiendo de un rincón húmedo y oscuro de mi cerebro, luchando por imponerse al olvido y acudir presto a resolver el enigma, se posó en la punta de mi lengua un nombre que, aunque extraño e inusual, me resultó tan tierno y familiar como un olor de la infancia: Norbert Bilbeny.

El doctor Bilbeny es articulista de La Vanguardia y catedrático de Ética en la Universidad de Barcelona. Entre las tesis filosóficas que defiende, destaca su propuesta de un “mínimo común moral” para sobrevivir a la Tercera Revolución Industrial. Ahí es nada, señores. Muchos hablan y hablan, pero Bilbeny propone. Y es esto lo que le hace distinto. Esto y el óleo sobre tela, por supuesto. En su página web –magnífica, por cierto (¡usa el Flash!)- se nos ofrece una selección de su obra pero, además, el propio artista – ¿cómo llamarle, por cierto? ¿Pintopensador? ¿Piensoartista?-, en un ejercicio de profunda introspección, se pregunta a sí mismo, y en inglés: “why do I paint?”.

“Exactly, why does he paint?”, nos preguntamos también nosotros, al tiempo que escribimos “paint” en minúscula para que el lector no piense que nos estamos refiriendo al divertido accesorio de Windows. Sus explicaciones, pulcramente articuladas en el idioma anglosajón, se las resumo yo en cuatro palabras: le sobran los motivos.

¿Podemos decir, con todo, que Norbert Bilbeny es el primer y único filósofo de la Historia de la Humanidad que, además de pensar de vez en cuando, se dedica a estampar en una tela sus inquietudes de librepensador y de Hombre del Renacimiento? ¡Sería tan fuerte que la respuesta a la pregunta fuese afirmativa! Pero no, era demasiado bonito para ser cierto. El Google nos informa de que hubo otro tipo que, además de filósofo, fue pintor. Se llamaba Hussein Youssef Amin y, encima, era también Educador, Humanista, Diplomado, Global, Crítico de Arte y otra cosa que empieza por hache pero que el titular de su página web no termina de revelarnos por falta de espacio.

¡Pero no nos desanimemos, señores! El amigo Hussein Youssef nos dejó en 1984, lo cual nos permite exclamar a los cuatro vientos, y hasta que alguien demuestre lo contrario, que Norbert Bilbeny es el único pintopensador vivo. ¡El único del mundo mundial! Para celebrarlo, y entendiendo que no hay Filosofía sin diálogo ni interacción, les propongo que escojan su pintura favorita de Bilbeny y la hagan suya. ¿Cómo? Pues quitando lo que le sobre y añadiendo lo que le falte. Puede que sea éste el primer ejemplo de pintura dialógica, si me permiten la expresión habermasiana. Envíen sus propuestas por correo y yo, que soy amable, se las expondré aquí mismo con orgullo y regocijo.

Angles, oil on canvas.

Ingles, Photoshop.

Al cel, oil on canvas.

Marc Jacobs al cel, Photoshop. Enviado por Heidi.

Las amargas lágrimas de Pitecántropos von Kant, Photoshop. Enviado por Mari Pili.

Camp, oil on canvas.

Caaamp, oilent in gimp. Enviado por Airos.

Camp de mor, Photoshop. Enviado por Palangre.

Original (izquierda): Policromia XIV. Versión (derecha): Polimardina XVI. Enviada por Talius.