Apología del delincuente común
La semana pasada se hicieron públicas las conclusiones de un estudio encargado por el ministerio del Interior sobre la situación de los delincuentes en España. Los datos son alarmantes. El delincuente común está desapareciendo como tal, la autorregulación fracasa y el intrusismo profesional hace mella. Nos lo cuenta Andoni Cointra-Godesia, presidente de la Asociación de Víctimas del Código Penal de Catalunya.
De todos los datos que aporta el estudio, ¿cuál es el más impactante?
Bueno, yo he visto a un tío atracar un supermercado a cabezazos. Pocas cosas pueden impactarme. Pero si se trata de destacar datos, sin duda el cambio en las causas de fallecimiento es significativo.
¿Se refiere a ese 76% de delincuentes españoles muertos por infarto de miocardio?
Claro. Hace unos años morían a cuchilladas, o por disparos en la cabeza. Ahora el sobrepeso es la gran preocupación. ¿Por qué? Pues porque el delincuente actual no es un delincuente de calle. Es sedentario. Vive de la estafa en internet, del delito informático. El delincuente común es el menos común de los delincuentes.
¿La tecnología ha provocado, pues, muchos de estos cambios?
La industria del ocio en general. Los videojuegos banalizan la delincuencia. Dan a entender que asesinar a alguien a patadas es baladí, que es algo que puede hacer cualquiera. Y no. Un delincuente tiene que empezar desde abajo, robando la cartera a los viejos y todo eso, hasta que se asimila la mecánica del negocio y se interioriza la violencia. Ahora todos los chavales que empiezan quieren empezar desde arriba, a lo grande, con tiroteos y palizas, y luego pasa lo que pasa, se hacen chapuzas. Se ha perdido lo artesanal. Los cronocrímenes, por ejemplo, son historia.
¿Los cronocrímenes?
Sí, bueno, es como llamamos al hecho de robarle el reloj a alguien en tiempo récord. Todo esto se ha perdido, incluso se desprecia. Como si fuese fácil.

El joven delincuente de hoy.
Aumentan, sin embargo, las violaciones, que es un delito tradicional…
Sí, pero fíjese en el tipo de violaciones. Son violaciones químicas: drogan a la víctima y a partir de ahí todo es cuesta abajo. Cuando digo que se ha perdido la artesanía me refiero a eso precisamente. Es la lógica del hiperconsumo. Se quiere todo rápido y fácil. No se valora el esfuerzo, sólo importa el destino y no se considera el trayecto, que en el fondo es lo que da sentido a todo.
Y el Estado no ayuda…
El Estado no ha ayudado nunca. El Constitucional, por ejemplo, aprobó la semana pasada que los delitos de violencia de género cometidos por mujeres se penalicen menos que si los comete un hombre.
Bueno, es una medida destinada a que ambos sexos peguen por igual.
Claro, pero eso es no entender la esencia de la delincuencia. El incentivo es la pena. Si se rebaja la pena, se rebaja el incentivo. Con esto no harán más que desmotivar a las mujeres, que optarán por otros ámbitos en los que se las tome más en serio.
Otro problema es el intrusismo.
Aparte de las mafias del Este y todo eso, a las que yo respeto porque son más puras, más primitivas, existe en la sociedad una tendencia a considerar delincuente a todo el mundo. Y eso afecta a la autoestima de quienes nos dedicamos a esto por vocación. Con todo esto de la operación Guateque, por ejemplo, han ido a prisión personas que realmente no lo merecían. Eran puros burócratas, gente que se mete en esto por la pasta, y que pueden dedicarse a la corrupción como pueden montar una red de trata de blancas. Que esa es otra: hoy todo el mundo sabe hacer de todo, no hay especialistas.
¿Algún elemento positivo a destacar del estudio?
El mero hecho de que se haya llevado a cabo, supongo. Es un primer paso para regularizar un ámbito que siempre ha estado dejado de la mano de dios.



































































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