"Y nunca te he de olvidar". El regreso de los dinosaurios
1. Para evitar enfrentamientos, habrá que respetar la distancia interpersonal de los dinosaurios -lo que los expertos denominan proxémica- que en su caso será, obviamente, mucho mayor. Eso implicará, probablemente, que debamos comunicarnos con ellos a gritos excepto en el caso de los dinosaurios de cuello largo, de talante más cercano y cariñoso (estudios recientes vinculan su psicología a la de los portugueses).
2. Para facilitar que se adapten a nuestro entorno en vez de destrozarlo, tendremos que demostrarles lo mucho que puede facilitar su calidad de vida. Para ello, habrá que mantenerles al margen de discusiones estúpidas como las siguientes: ¿tienen que usar Mac o Windows? ¿Tienen que tratarnos de usted? ¿Vino blanco o vino tinto? Es necesario determinar todas estas cosas antes de que vengan, si no nos ven unidos pensarán que no nos aclaramos e irán a la suya.
3. Lo primero que preguntarán es dónde está lo suyo. Sus montañas, sus parajes, sus nidos o lo que sea que tuvieran. Si se dan cuenta de que nos lo cargamos, harán lo mismo con lo nuestro. Hay que atribuir las transformaciones de su entorno a alguna entidad abstracta, tipo Dios o IRPF, algo ajeno a nuestra voluntad que hizo que las cosas sean como son. Y esperemos que sean deterministas porque si no habrá problemas.
4. No sabemos qué relación tenían con los loros y similares. No es seguro que les parezca bien que los tengamos en jaulas que tapamos por la noche con trapos.
5. Es probable que hagan como los judíos y reclamen un territorio propio en el que establecerse. Que se entiendan con los judíos.
Por cierto, en este mismo número de la revista Quo explican cómo plantar una uña y hacer que crezca un uñero. Es de lectura imprescindible.




































































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