7/18/2008

Una mascota en el frente

La guerra de Irak tendrá su propia mascota. Eso es lo que han decidido las autoridades competentes de los Estados Unidos tras valorar distintas estrategias para reforzar la moral de sus tropas destacadas en Oriente Próximo. Finalmente, parece que la presencia de una mascota jovial pero decidida –esto lo han remarcado en distintas ocasiones: cheerful but determined- es lo que más puede ayudar a esas personas que, henchidas de patriotismo, salen al frente de batalla cada día dispuestas, si es necesario, a propagar en suelo iraquí el calor de sus americanísimas vísceras. Bravo, pues, por esta iniciativa, que toma como referente ni más ni menos que las olimpiadas griegas y sus célebres karkamoinos, que vendrían a ser los ancestros de las actuales mascotas olímpicas. Según Pivón de Alejandría, heredero de Heródoto, los karkamoinos eran considerados en la Grecia antigua verdaderos transmisores de la fuerza de los dioses. Las mascotas antiguas no eran más que muñecos de pan pintados con sangre de perro, pero han pervivido hasta hoy y en España, recordémoslo, Mariscal les dio el máximo esplendor con ese chucho chafado llamado Cobi y que dio la vuelta al mundo.

No se sabe, por cierto, quién diseñará a Irakia, pero yo, sinceramente, propongo a Jordi Labanda (más que nada porque así podríamos disfrutarla todos comprando sus carpetas). “¿Debe tener aspecto infantil?”, preguntaba un periodista del Times esta mañana en una rueda de prensa. “No es algo determinante”, le han respondido las autoridades competentes. “La guerra no tiene edad”, han añadido, incluso, las autoridades competentes. ¿Cómo reaccionarán los enemigos al ver a Irakia corriendo agazapada entre los soldados de la libertad? Si tiene pelo y es alta puede que huyan despavoridos, me atrevo a aventurar. Y si se parece al muñequito de los cereales, quién sabe si hasta llega a despertar en ellos un corto pero intenso amago de ternura. Yo espero, humildemente, que así sea. Porque una guerra sin sentimientos es una guerra inhumana.