1/09/2008

La voz de los más débiles

Hoy cumple ochenta años el doctor Gerald F. Greid, reconocido internacionalmente en el ámbito de la psicología por ser el primero en describir, a principios de los años sesenta, el llamado síndrome multitonal. Lo padecen unas setenta mil personas en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud, y los afectados se caracterizan por emplear tonos de voz muy distintos según el interlocutor al que se estén dirigiendo.

“Lo habitual es que le hablen a la madre en un tono extremadamente infantil aunque sean ya adultos, pronunciando mal algunas palabras en los casos más radicales, y en cambio empleen una voz muy grave y un lenguaje soez entre sus amigos. Lo realmente traumático para ellos es que, en medio de una conversación entre colegas, aparezca o llame por teléfono la madre y tengan que cambiar repentinamente, y sin poderlo evitar, el tono de voz. Son casos en los que hacen el ridículo, especialmente si su entorno no está al corriente de la dolencia. El desconocimiento por parte de los demás es, de hecho, su peor enemigo”. La cita forma parte del primer artículo de Greid sobre el tema, titulado “El síndrome multitonal: criterios para su detección y posterior tratamiento” (Mind Res. 1963; 14: 332-364). La principal causa de este síndrome, y lo que hace más difícil la cura, es la voluntad que tienen los pacientes de agradar, fruto de una baja autoestima. “Quieren ser ante sus madres niños indefensos y dulces, ante los compañeros de juerga desean parecer fuertes y autoritarios y, en algunos casos, pueden llegar a imitar el tono de voz del sexo contrario para ganarse la empatía del otro”. Este fue el caso de un estudiante de matemáticas de Utah –descrito en el artículo anteriormente citado- que, charlando con una taquillera del metro que le estaba informado sobre distintas tarifas, pasó repentinamente a imitar la voz aguda y femenina de su interlocutora. El resultado de esta conducta fue el escarnio público. Es posible que algunos de ustedes hayan crecido con individuos multitonales, e incluso hayan sido testigos de su discriminación. De hecho, actualmente la jerga juvenil emplea de forma despectiva el término “politoneros” para referirse a ellos.

Mi objetivo al recordar el encomiable hallazgo del doctor Gerald F. Greid no es sólo un modo de celebrar su cumpleaños. Es también una excusa para protestar enérgicamente por la reciente publicación de una entrevista que le hizo al doctor la revista London Psychology Review. Se trata de una entrevista que no debiera haber visto la luz. Greid padece demencia senil desde hace tiempo, y el periodista convierte esta desgracia en el principal atractivo de la charla. El resultado es, como comprenderán, insultante y condenable. Para que se hagan una idea reproduzco, para terminar, un fragmento de este infame homenaje.

LPR.- ¿Cuántos pacientes multitonales han pasado por su consulta?

Dr. Greid.- Llevo ya tres meses sin parar de hacerlo, quiero decir, eso de dar patadas a los tiestos.

LPR.- ¿Qué tiestos?

Dr. Greid.- Son como una tetilla, ¿sabe? En la forma, quiero decir. Morfología. Van como zumbando, se le caerían los pelos del culo al descubrir cómo… en fin, cómo alardean de tener el pito pardo.

LPR.- Volvamos al síndrome que usted describió…

Dr. Greid.- Lo de mi mujer, con esas ingles de abejorro que tiene, usted comprenderá, no hay forma de hacerle entender a nadie lo duro que resulta decirle a alguien a quien quieres: “esa cara que tienes, mademoiselle, te la maquillaría entera con dos tapas de alcantarilla”.

LPR.- ¿No siente deseos de retomar su actividad profesional?

Dr. Greid.- De todos los poemas que he leído del tipo ese que presenta a las doce el boletín del tiempo, no me quedaría con ninguno salvo el del tragamocos. No es que yo, a ver… no quiero parecer presuntuoso, en todas las casas hay pedos por ahí que vienen, se quedan, arrivederci, los pedos manta, que restan ahí, en el fondo, usted me entiende… Es todo como troncharse del finiquito finiquitín.