2/14/2008

Regálele un niño Dios

Hoy, día de San Valentín, sea tierno y original. Regálele un niño Dios.

Y para los que están siempre a la última, nuestro pequeño Ratzinger.

2/02/2008

Hombres del Renacimiento: Duane “Dog” Chapman

Duane “Dog” Chapman, nacido en Denver en 1953 y residente en Honolulú, estuvo 18 meses en prisión a finales de los setenta acusado de dar muerte a un tal Jeremy Oliver. Este encontronazo con la justicia, lejos de tambalear su fe en las leyes que regulan la feliz convivencia entre los hombres, provocó en él una profunda reflexión sobre su lugar en el mundo. Fruto de esta fase de introspección postraumática, Chapman decidió que se convertiría en cazarecompensas, liberando a la sociedad de la corrupción y la escoria. Para ello, apeló al cariño y a la complicidad de su familia, con la que acabó montando una especie de Equipo A dedicado a perseguir criminales a lo largo y ancho del continente americano. La cadena de televisión A&E Networks, siempre atenta a las historias que conmueven y comunican valores, convirtió el trabajo diario de esta familia de emprendedores en un reality show magníficamente producido que se ganó la admiración de la audiencia.

Por si no fuera suficientemente duro para el señor Chapman tener que vivir con la idea de ser un ex convicto, las autoridades mexicanas volvieron a remover las ya serenas aguas de su conciencia acusándole de otro delito. El 18 de junio de 2003, Chapman y sus compinches capturaron al señor Andrew Luster, heredero de Max Factor y acusado de múltiples violaciones. La caza tuvo lugar en Puerto Vallarta, México, lugar en el que se sigue considerando que la labor de un cazarecompensas, lejos de ser motivo de orgullo y regocijo, implica violar la ley. Sin embargo, Chapman fue liberado bajo fianza y recibió el apoyo de sus numerosos seguidores y también los cálidos abrazos de Beth, su inseparable y rolliza partenaire.

¿Habían terminado con ello las injurias y los ataques al honor de los Chapman? En absoluto. En marzo de 2007, Duane y su hijo Tucker mantuvieron una conversación telefónica en la que el padre, preocupado obviamente por el bienestar de su retoño, empleó un lenguaje un tanto soez para referirse a la novia afroamericana del niño. El hijo, afectado por la inmadurez propia de la edad, grabó los insultos de su progenitor y vendió la grabación al National Enquirer. Esta temeridad tuvo un alto precio: la opinión pública, dejándose llevar quizá por el puritanismo, interpretó que Duane era racista. “Me da igual si es mexicana, una puta o lo que sea”, se lamentó Chapman. “No es porque sea negra, es simplemente porque a veces usamos la palabra negrata aquí. En mi vida dejaré perder todo aquello por lo que he trabajado a lo largo de treinta años por el hecho de que algún jodido negro nos oyera decir negrata”. La sólida argumentación de nuestro héroe no pudo impedir que la A&E cancelara su reality para no ofender la moral de los telespectadores. Ni siquiera las 40.000 firmas recogidas para reclamar la vuelta de la familia Chapman a la televisión convencieron a los directivos de la cadena. La hipocresía moral de esta sociedad hipermoderna en la que nos ha tocado vivir ha dejado a Duane “Dog” Chapman fuera de circulación y, con ello, cientos y cientos de criminales pueden volver a las andadas conscientes de que la calle es suya y de que las injusticias ya no reciben su merecido castigo.