8/26/2008

Nuestros queridos lectores: don Airos

Don Airos sólo compra productos de más de treinta euros si los anuncian mujeres guapas. Cuando habla con desconocidos se acaricia la nariz con la mano derecha y repite con frecuencia “efectivamente” durante las conversaciones. Es incapaz de enfadarse con las teleoperadoras y participó en una subasta pública. Tuvo un amigo que ahora es ingeniero. Él no es ingeniero. Una vez se probó unos pantalones anchos que le hacían sentir guapo pero le avergonzaban. Se ríe de los chistes sobre filipinos y le asustan las noticias de la ETA. En su última pesadilla le hacían ministro pero no se desenvolvía bien en las reuniones de trabajo. Oía al ministro de industria decirle a Zapatero que con fichajes así no podía afrontarse una crisis ni nada, “pero es que ni una crisis ni nada en absoluto”, añadía el ministro de industria. Pero él no había pedido aquel puesto, argumentaba para sus adentros mientras despertaba. En una ocasión ayudó a su madre a abrillantar una mesa de caoba con un producto de droguería y durante los días posteriores creyó falsamente que se había intoxicado. Don Airos recorre los museos como se recorren los pasillos de un supermercado. Pero los recorre. Cuando le ofrecen una copa acostumbra a declinar la oferta cortésmente. Si insisten, aduce que su historial familiar está lleno de adictos a sustancias de todo tipo. Su hermano murió porque era adicto a la adrenalina, añade. Airos no tiene coche porque no tiene carné. No sabe lo que es un adverbio y le dan miedo los perros. Don Airos no soporta los manjares gratinados.

8/05/2008

Los tierraplanos

Permítanme que les remita a un magnífico artículo que ha publicado la web de la BBC News. Y permítanme también que les recomiende encarecidamente su atenta lectura porque hará que se tambaleen todos sus cimientos. De la risa, probablemente. El texto nos presenta a los llamados flat-earthers, es decir, aquellos que siguen creyendo a estas alturas que la Tierra es plana. En español podríamos llamarles tierraplanos, que suena a película de risa sobre extraterrestres. Ellos afirman que esas fotos del planeta azul hechas desde el espacio que se nos muestran en los medios son falsas porque la Tierra, en realidad, tiene forma de disco y se extiende infinitamente sobre el espacio como un gigantesco hule. Y critican, asimismo, a quienes se mofan de su teoría alternativa y la vinculan a la ignorancia y la irracionalidad, porque ellos no son tontos y están muy convencidos de lo que dicen.


¿Estará retocada esta foto? ¿Por el gobierno?

La verdad es que lo que suena a chascarrillo es la existencia misma de los tierraplanos, y el propio artículo plantea esta cuestión. Pero imagínense que somos nosotros, los tierrapelotos, quienes vivimos encerrados en el más profundo desconocimiento y, cegados por la prepotencia, negamos sin razón el tierraplanismo y, más grave aún, ponemos en duda la existencia misma de quienes lo defienden. Si la Tierra no es plana y no hay nadie que defienda eso, deberíamos preguntar por qué demonios estamos hablando de ello. “Porque es verano y no hay noticias”, podríamos decir. “Porque la noticia es de la BBC, que en su día hizo creer a muchos de sus telespectadores que existen árboles que en vez de frutos dan espaguetis”, podríamos añadir incluso, y con toda la razón del mundo. Esa tesis haría que desconfiáramos no sólo de las teorías supuestamente conspirativas sino también de los medios oficiales, que confunden la verdad con el entretenimiento. ¿A quién debemos creer? O mejor dicho: ¿de quién es más sensato dudar?
El filósofo escocés Herbert Range –que inspiró, por cierto, el nombre del todoterreno Range Rover- afirmó que “cuando no se sabe a quién creer, lo mejor es analizar lo que dice cada uno y decantarse por la versión que da más dinero”. En este caso, como en tantos otros, es complicado aplicar el “método Range”, pero no imposible. Existe un argumento económico de peso que apoya el tierraplanismo: el aparcamiento. Sí, han leído bien. Piénsenlo. Si la Tierra es plana y se extiende infinitamente, entonces no existen los problemas de aparcamiento o, en todo caso, son una falacia. Si una calle no tiene sitio para aparcar, un poco más allá siempre habrá otra calle, o en su defecto otro espacio, en el que poder dejar el coche. Por lo tanto, si el tierraplanismo fuese aceptado como un hecho, los ayuntamientos se verían obligados a eliminar las zonas verdes y azules, que ahora se justifican porque el aparcamiento es un bien escaso. Por supuesto, existen contraargumentos que podrían ser esgrimidos por parte de los tierrapelotos –“paso de aparcar el coche tan lejos”, “si hay espacio de sobras, por qué tiene tanto éxito el iPod Nano”, etcétera-. Pero no podemos prolongar esta discusión ad aeternum porque en el fondo, y seamos sinceros, a nadie le importa un pimiento que la Tierra sea plana o redonda. Dios la creó lo más ergonómica que pudo y tenemos que apañarnos con eso porque, de momento, no parece customizable.