10/22/2008

Senilidad, divino tesoro

Aguardaba impaciente su llegada y ya lo tengo finalmente en mis manos, cortesía de Amazon UK. Estoy hablando del libro “Senility Chronicles”, una verdadera maravilla que navega alternativamente entre la hilaridad, el patetismo y la ternura. Se trata de una rigurosa y lúcida selección de quince intelectuales célebres –y no tan célebres- de la Europa de los últimos dos siglos. Pensadores, escritores y teóricos que, en plena madurez, dijeron e hicieron auténticas barbaridades por culpa de la demencia senil. Despropósitos que el libro se dedica a recopilar con abundantes pruebas documentales (básicamente cartas, entrevistas e informes psicológicos). ¿Una crueldad? ¿Una falta de respeto a su memoria? El objetivo no es la mofa –y así lo explica Roger Crift, el autor, en la introducción- sino la “necesaria desacralización de la cultura, que pasa por entender que los hombres de letras son gente corriente y no entidades infalibles”. Sea como fuere, entenderán que el material es altamente “esponjiforme”. Emplazándoles a que adquieran el libro, no me resisto a reproducir, traducidas, las cartas que el escritor alemán Jürgen J. Klein envió a su traductor oficial al francés, Bernard Levian.

13 de diciembre de 1961.

Estimado señor Levian,

Iré al grano, no me voy a detener en vacuas cortesías. Estuve en París hace dos semanas y pude adquirir en una librería una de “sus” obras, “Silencio y respiro”. Creo que las consecuencias ya las supone. No se ha limitado a copiar el título de mi segunda publicación –eso sí, en correcto francés- sino también a reproducir, punto por punto, el argumento, los capítulos, los giros y las expresiones que –con habilidad, lo admito- ha podido conservar de mi original alemán. Hasta cierto punto me compadezco de usted por la vergüenza que le habrá causado mi descubrimiento (debería haber supuesto que los alemanes en ocasiones también visitamos Francia). Espero, por supuesto, una explicación que aventuro insatisfactoria al tiempo que consulto el tema con mis representantes legales.

Suyo,
J. J. Klein.

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23 de diciembre de 1961.

Estimado (y apreciado) señor Klein,

Recibir noticias suyas me ha emocionado por lo mucho que le admiro como escritor y como persona, pero no me ha avergonzado en modo alguno, como enseguida comprenderá. Su enfado se debe a un malentendido: el libro que usted compró es el suyo, yo soy su traductor oficial al francés, trabajo para Gallimard con Monsieur Guillot, al que me consta que conoce. Basta con que se fije usted en la portada, donde aparece su nombre y, sí, efectivamente, también el mío –mucho más pequeño- en calidad de traductor al francés. Imagino que ahora mismo se está usted riendo de todo lo acontecido. Espero que en breve podamos regocijarnos juntos con la anécdota en el Caffè Di Fiore, donde se habla mucho de usted y de su trayectoria intelectual.

Suyo,
Bernard Levian.

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2 de enero de 1961.

Levian,

Antes que nada, le pido por favor que se levante, que eche un vistazo a la estancia en la que se encuentra y se aproxime a la ventana más cercana. Y ahora deje que hable su silencio. Lo oye, ¿verdad? ¿Lo nota? Ese ligero temblor en el cristal. Un temblor que sin duda alguna proviene de Frankfurt. Concretamente, de mis explosivas carcajadas. Porque me estoy riendo, efectivamente, tal como usted suponía. Me río al comprobar que a “Silencio y respiro” debemos añadir también “Frío certero”, “Relatos de la angustia” y –llegando ya al límite del despropósito- un relato para niños que publiqué a los dieciséis años, “Gargantilla y lentejuelo.” Tiene usted suerte porque no percibe el amargo aliento de mi furia, pero vamos a dejar que el tiempo haga su trabajo. Vamos a dejar que su carrera cimentada en el engaño y el plagio le sepulte en el vómito de su propia vergüenza. Todo esto saldrá a la luz, me encargaré de ello. Y entonces dejará de ser escritor "de la France" para ser una vulgar rata con una vida absurda y vacía. Con una vida muerta.

J. J. Klein.

PS. Aquí en Alemania también se habla de su trayectoria intelectual. Su apellido es ya sinónimo de roedor maltrecho.

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7 de enero de 1961.

Distinguido señor Klein,

Espero que haya recibido las aclaraciones que le han hecho llegar desde la editorial para la cual trabajo, Gallimard. Desde hace trece años ejerzo de traductor al francés. He traducido a Gründ, Lebster y a varios existencialistas de su patria. Publiqué una crítica de “Frío certero” en “Religatio” y en su momento usted mismo declaró sentirse complacido por la misma, tengo el recorte que lo atestigua. Se me considera el mayor experto en Jürgen J. Klein de Francia. Mi trabajo es el de traductor, insisto, no soy escritor ni lo pretendo. Sus obras son suyas, también las que están traducidas por mí. Este asunto, y en especial su indignación, me tiene completamente turbado.

A la espera de que reciba todas las explicaciones necesarias por parte de la editorial y de que se dé cuenta del error en el que incomprensiblemente persiste, me despido afectuosamente.

Bernard Levian.

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8 de Febrero de 1961

Rata absurda (permítame la confianza),

He pasado unos días tranquilos. “Alejándome de la obsesión”, como recomendaron mis amigos. Pero alejado también de la verdad y de la justicia, y bien consciente de ello. Aún y así Chopin y la lectura me serenan y, como digo, he pasado unos días moderadamente apacibles. Pero hoy, mientras me afeitaba, mi traviesa y cruel imaginación me ha obsequiado con la estampa de un francés delgado y pálido que, como yo, se estaba afeitando e imitaba todos mis movimientos con galo amaneramiento. Y del cerco de mis labios ha salido de repente, con el frenesí de un estruendo largamente reprimido, la expresión “rata absurda”. Es usted un cínico y absurdo ratón de callejuela y deseo con fervor su sufrimiento de roedor taimado.

J. J. Klein.

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10 de Febrero de 1961

He soñado su muerte, rata absurda. He soñado con mil pájaros negros furiosos y encerrados en su tumba, macerando su cuerpo de carnes laceradas. He soñado que despertaba y que allí seguía ese cadáver. ¿Quiere que le diga cuál es el título de la novela que acabo de terminar? ¿Quiere que se lo ofrezca ya traducido al francés? "Absurde rat".

Klein.

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11 de febrero de 1961.

Rata rata rata rata rata rata rata. IMPOSTOR. RAT! ABSURDE RAT!

No tiene excusa y lo sabe. No tiene vida y lo sabe. Es usted una sombra. Es usted UN RATS!

K.

10/20/2008

Darle a que sí

Sé que les tenemos un poco desatendidos. Les juro que tengo un post a medio hacer, un post de esos que nadie lee pero que tiene fotos chulas. Verán, yo les cuento. Resulta que estaba visitando el blog de Juan Cruz -es lo único que tengo en favoritos a excepción de un enlace a Microsoft que no sé cómo quitar- y de repente me saltó un pop-up de esos tan molestos (que, por cierto, ¿cómo hay que llamarlos en español? Lo de "ventana emergente" suena a tendencia sociológica, yo optaría por el "patapún p'arriba", que conserva el ritmo y la sonoridad del término inglés). Y resulta que al ver el dichoso pop-up le dí a que sí sin fijarme bien en lo que se me preguntaba, que es exactamente lo que hago cuando me llaman de Telefónica de España y otras corporaciones benéficas similares -yo soy muy fan de darle a que sí, soy una chica fácil de la mercadotecnia-. Y bueno, la cosa es que le doy al sí y me sale otra ventana de esas llamadas "de progreso" y que dice: "imprimiendo internet: 0% completado". Se ve que se me preguntó si quería imprimir internet y asentí, de modo que tengo el ordenador sobrecargado con esta faraónica impresión en curso (escribo esto desde un cíber-restaurante asiático-inmobiliaria-picadero de esos que abundan en las metrópolis). Va por la cé, y por los cincuenta euros en cartuchos de tinta. No me deja cancelar la impresión pero ya me va bien así: con la crisis, seguro que el Adsl se pondrá por las nubes y me sacarán el internet en DIN A4 de las manos (de hecho, creo que debería empezar a hacer fotocopias paralelamente). Lo considero una inversión. En fin, a lo que iba: que con todo el lío tengo historias geniales que contarles pero pocos medios para hacerlo. Me dan ustedes un poquito más de tiempo y se me entretienen de momento con el blog de Juan Cruz -¡Hoy habla de Luz Casal!-. Eso sí, mucho cuidado con lo de darle a que sí.

Sagrario confía en la fortaleza de los bancos pero con reservas. Sus ojos dicen "no" pero su boca dice "sí".

PD. Mi próximo escrito incluirá intelectuales viejos y ratas absurdas, no se lo pierdan. Creo que se va a llamar "Gargantilla y Lentejuelo, compañeros de recreo", pero no lo sé seguro.

PD2. ¿Por qué la gente compra un producto llamado Pharmatón? ¿Es que nadie se ha parado a analizar su etimología? Phar (fármaco) matón (que mata).

10/08/2008

Los niños no atienden

La Fundación SM y la Organización de Estados Iberoamericanos (LOREILE) han presentado los resultados de una encuesta realizada a 1.698 profesores del sistema educativo español y han concluido, entre otras cosas, que el 55'5% de los docentes cree que los alumnos de hoy en día tienen más problemas a la hora de aprender si los comparamos con los de hace unos años y probablemente también si los comparamos con una mesa camilla. Como no me han acabado de convencer las explicaciones que se han ofrecido para dar cuenta de esta alarmante situación, he decidido contactar directamente con algunos de los profesores que respondieron a la encuesta. Aquí practicamos el periodismo ciudadano, por si no se habían dado cuenta.

Rosalía Jiménez, 9 años ejerciendo de profesora de Filosofía.

“El problema de muchos de nuestros alumnos es que entran y salen a horas que, digámoslo claramente, no ratifican lo que en otros tiempos sería una condecoración de mumú, o de lipitillo rascante”.

Antonio Ledesma, 5 años de experiencia como profesor de secundaria.

“El dossier preparatorio de antes, de lo que fuera y de lo que viene siendo ahí, por lo tanto, en un grado superior a la media, es significativamente elevado respecto a lo que, en otros tiempos, se entendía como horno, moderado, alto, numerosos estetas franciscanos”.

José Vélez, director de un Instituto de Enseñanza Media.

“Naciendo dentro de un arbusto, ¿cómo podemos pretender ser socios de algo que podría resultar alarmantemente furtivo, o tener pelo, o tener cornetas en la cima? No, definitivamente, hay que gestionar las cosas como si el licántropo aguardara a la puerta de la esquina”.

Carmen Roigé, 11 años de experiencia como profesora de primaria.

“Con niños pequeños como un mechero, el que no aprende se rasca la puta bola. Quiero decir que hay más cosa dentro de la que cabría fuera, no sé si me entiendes”.

10/07/2008

El gato que miraba fijo